Flores contra CO2

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La agricultura es la actividad económica de mayor magnitud emprendida por el hombre. Además, la agricultura es la actividad humana que más contamina el planeta. Por ello, para luchar contra el cambio climático al mismo tiempo que se alimenta a una creciente población mundial, es necesario adoptar un modelo agrícola inteligente, poco exigente en cuanto a recursos naturales y que reduzca su poder contaminante. Aprovechar las tierras de cultivo para extraer todo lo positivo que nos pueden ofrecer e instaurar un modelo agrícola que colabore en la subsistencia de los agricultores garantizándoles los suficientes recursos económicos para seguir con su profesión son, entre otros, algunos de los retos a los que el hombre deberá enfrentarse en los próximos años y de los que en buena parte depende nuestro futuro. En este orden de cosas, cabe destacar el programa de captura pedológica (ciencia del suelo) de CO2 elaborado por la empresa portuguesa Terraprima, Sown Biodiverse Pastures, que recientemente ha sido galardonado con una distinción de la Comisión Europea.

Flores contra CO2

Sown Biodiverse Pastures, un proyecto nacido en el Instituto Superior Técnico de Lisboa, es un programa de captura pedológica de CO2 mediante la plantación de flores en superficies de cultivo y zonas de pasturaje, que aumenta la actividad biológica de las tierras mientras se capturan y almacenan grandes cantidades de CO2.

En el marco de este proyecto, desde hace algunos años en Portugal se han sembrado flores en los laterales de muchas carreteras y zonas de pasto. Además de engalanar el paisaje, estas flores de 20 variedades diferentes, son muy apreciadas por insectos y gran número de otras especies. A partir de ahora, es muy posible que este tipo de plantas comiencen a aflorar en los campos europeos y ayuden al hombre a combatir el cambio climático provocado por los gases de efecto invernadero.

Auspiciada por el Fondo de Carbono portugués, la innovadora empresa Terraprima ha desarrollado un ambicioso proyecto de captura pedológica de CO2, fruto de una investigación rigurosa que les llevó más de cinco años de análisis y pruebas sobre el terreno. El proyecto se basa en la siembra de una serie de variedades de plantas y leguminosas en terrenos de cultivo degradados con el fin de almacenar CO2 y propiciar el enriquecimiento biológico de las tierras. Entre las especies plantadas para la captación del CO2 del aire y su fijación en el suelo, un 25% son leguminosas. Gracias a estas plantas se puede reducir el uso de fertilizantes a corto plazo, ya que aumentan considerablemente la productividad biológica del suelo en el que almacenan CO2 mientras producen forraje de calidad para el ganado. Estas plantas contribuyen también a combatir la erosión que la agricultura intensiva provoca en la tierra al mismo tiempo que logran aumentar la productividad del suelo de forma considerable.

Cada hectárea en barbecho sembrada con este tipo de flores y plantas consigue almacenar hasta cuatro toneladas de CO2 por año. Actualmente, más de 1.000 agricultores del sur y del centro de Portugal han plantado un total de 50.000 hectáreas o, lo que es lo mismo, han almacenado bajo tierra un millón de toneladas de gas de efecto invernadero.

Estas toneladas de CO2 capturadas de la atmósfera permiten aligerar el balance de carbono del país vecino. El Fondo de Carbono portugués, asociado a Terraprima en este proyecto, subvenciona la plantación de estas leguminosas a razón de 140 a 240 euros por hectárea. Una vez almacenadas, estas toneladas de CO2 se inscriben en el débito de la contabilidad nacional de carbono.

El original y eficaz proyecto de Terraprima acaba de ser premiado por la Comisión Europea en el marco del concurso “El Mundo que amo”.

Terraprima

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