¡Etiquetadlos!

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Al contrario que en la Unión Europea, Rusia, Japón, China, Australia, y muchos otros países, en EEUU no existe la obligación de advertir en la etiqueta sobre el contenido en transgénicos de los alimentos. “Just Label It! We Have a Right to Know” (¡Etiquetadlos! Tenemos derecho a saber) es una campaña que insta a los consumidores a exigir a las autoridades de su país que impongan la obligatoriedad de etiquetar aquellos alimentos que contengan ingredientes transgénicos. Creada por un grupo de productores de alimentos ecológicos preocupados por la contaminación de sus campos por los transgénicos, la campaña cuenta con el apoyo de cientos de organizaciones provenientes de los sectores de la sanidad, la defensa de los derechos del consumidor, agricultores, padres preocupados, ecologistas, nutricionistas y muchos más.

“Señor Comisario Hamburg”, comienza la carta de la campaña que urge a los ciudadanos norteamericanos a pasar a la acción por el etiquetado de los transgénicos. “Le escribo para solicitar que el Ministerio responsable de Alimentos y Medicamentos (FDA) imponga la obligatoriedad de etiquetar los alimentos transgénicos. Tengo derecho a saber qué estoy comiendo y con qué estoy alimentando a mi familia”.
Los alimentos modificados genéticamente, también denominados transgénicos, son aquellos cuya estructura molecular ha sido modificada de una manera que no podría tener lugar en la naturaleza. Es decir, se trata de plantas y animales cuyo material genético ha sido modificado para que presenten unas características que no son naturalmente suyas. Las técnicas de modificación genética utilizan moléculas de ADN provenientes de diferentes fuentes, a veces de distintas especies, y las combinan en una molécula para crear un nuevo set de genes (por ejemplo, se podrían mezclar los genes del pez platija con los del tomate para que este fuera resistente a las bajas temperaturas). El 93% de los norteamericanos piensa que los alimentos genéticamente modificados deberían ser etiquetados como tal. Sin embargo, se estima que un 60%-70% de todos los alimentos elaborados que se venden en los supermercados estadounidenses contienen algún ingrediente modificado genéticamente. La mayor parte del ganado (excepto aquellos que cuentan con certificados ecológicos emitidos por la agencia USDA o el proyecto Non-GMO) utilizado para producir alimentos en el país se cría a base de transgénicos (maíz y soja). En la actualidad, el FDA está considerando la aprobación del salmón genéticamente modificado para el consumo. Dicho salmón atlántico transgénico se ha desarrollado de forma artificial mediante la combinación de genes de la hormona del crecimiento provenientes de un salmón del Pacífico sin parentesco alguno y el ADN de los genes anticongelantes de una anguila del ártico (viruela).
Esta modificación provoca en el pez transgénico la producción de la hormona del crecimiento durante todo el año, por lo que crece al doble de velocidad que en estado normal, lo que hace que las piscifactorías aumenten el número de peces por jaula y eleven sus rendimientos. Tras casi 20 años de comercialización y miles de millones de dólares públicos invertidos en investigación, los cultivos transgénicos aún no han cumplido con sus promesas de aumento del rendimiento, tolerancia a la sequía, mejores propiedades nutricionales o disminución del uso de pesticidas, y sin embargo sí han generado enormes preocupaciones bien fundadas acerca de los riesgos que conllevan para la salud.

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