El poder de la industria alimentaria y la carne

El poder de la industria alimentaria y la carne

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La carne se impone en los comedores escolares pese a los rigores medioambientales derivados de su consumo

La alimentación colectiva, la que se lleva a cabo en centros escolares, hospitales y demás entidades públicas, debería abastecerse de productos locales además de fomentar la economía del lugar y promover unos hábitos alimentarios saludables reduciendo el consumo de carne y derivados.

Sin embargo, la realidad está muy lejos de lo que debería servir de ejemplo a los ciudadanos: en Francia, el “Grupo de Estudios de Mercado de la Alimentación Colectiva (GEMRCN) ha elaborado unos decretos basados en una serie de recomendaciones dirigidas a imponer una mayoría de productos de origen animal en los menús que se servirán en comedores escolares, hospitales, centros penitenciarios, etc.

Estas medidas, que favorecen de forma significativa a la industria láctea y de la carne, han sido creadas por los miembros del GEMRCN, entre los que se encuentran directivos de empresas como Nestlé o el sindicato francés de empresas cárnicas.

La alimentación colectiva es un asunto de vital importancia ya que se dirige a colectivos como los escolares, las personas hospitalizadas, los reclusos y los ancianos. Las normas que la rigen no solamente tienen la capacidad de formar los hábitos alimentarios de los más jóvenes, sino que también sirven de modelo para la alimentación de los ciudadanos en general.

El caso francés que denuncia la asociación de protección animal L214 en colaboración con el portal “Viande.info”, especializado en el análisis del impacto medioambiental y sobre la salud del consumo de carne, consiste en unos decretos que, contra la lógica y los objetivos primordiales de la alimentación colectiva del país vecino, contribuirán a aumentar la presencia de productos cárnicos y lácteos en los menús de los comedores públicos.

La libertad de conciencia, tal y como se define en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, incluye la libertad de manifestar su convicción a título individual y colectivo.

Según denuncian las organizaciones, la nueva reglamentación constituiría una violación de la libertad de conciencia, ya que prohibiría a los responsables de la alimentación colectiva pública ofrecer comidas vegetarianas o veganas a sus usuarios que tengan estos hábitos alimenticios bien por convicción ética o religiosa.

Por otra parte, la aplicación de las nuevas normas supondría la adopción de un modelo alimentario basado en un consumo abusivo de productos de origen animal: es este un modelo egoísta que acapara una parte desproporcionada de recursos agrícolas mientras que cerca de mil millones de personas padecen hambruna en el mundo. Además, es un modelo desastroso para el medio ambiente y que conlleva un enorme sufrimiento animal.

Las normas que regulan la alimentación colectiva deberían tomar en consideración asuntos de carácter nutricional y todos aquellos aspectos relacionados con la alimentación tales como el medioambiente, la igualdad en el reparto de recursos, el sufrimiento animal, la salud pública y la libertad de conciencia.

Según un informe de la FAO, el sector lácteo es responsable del 2,7% de las emisiones de gas de efecto invernadero de origen humano y del 4% de las emisiones totales si se tiene en cuenta la producción de carne proveniente del sector. El cálculo incluye las actividades de producción, transporte y transformación.

L214 y Viande.info han dirigido una carta al presidente de la república francesa y al Primer Ministro del país exigiéndoles que renuncien a la promulgación de los decretos que impondrían una «visión mezquina, nefasta y opuesta al enfoque global indispensable de la alimentación».

Carta al Presidente de la República (en francés)

Fuente

Viande.info

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