El negocio del futuro será compartir

El negocio del futuro será compartir

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La economía colaborativa se abre paso de forma imparable
El ser humano necesita compartir, no desde un punto de vista económico, pero sí desde el lado emocional de la persona. Algunas formas de compartir son viajar en transporte público y sentarnos a la mesa para pasar un buen rato con los amigos. Además del placer que estos encuentros suponen, tenemos que entender que el actual panorama económico deja en muy mal lugar al egoísmo y al individualismo.

Estamos viviendo la muerte del sistema capitalista puro y duro basado en la exclusividad de bienes y servicios, un modelo que se desvanece por su ineficacia. Consecuentemente, los negocios del futuro deberán basarse en un modelo muy diferente en el que no será necesario poseer objetos, sino disfrutar de un bien o servicio mientras lo necesitemos. El auge de las tecnologías hace posible un nuevo modelo de negocio sustentado por una red o malla en la que se puedan compartir experiencias, consejos y todo tipo de información que ayude a emprender con el mínimo gasto económico y de recursos naturales. Lisa Gnasky así lo narra en su libro “La Malla: el futuro de los negocios es… compartir”. Traducido a más de 15 idiomas, La Malla explora los últimos adelantos en la economía colaborativa y los nuevos modelos de negocio.

La Malla es el nuevo libro de Lisa Gnasky. La autora, convencida de que el actual modelo económico no va a sobrevivir, cree en un futuro positivo en el que los hombres nos sentiremos liberados del peso de tener que poseer cosas que nos resultan muy caras de mantener y que ya nadie sabe cómo arreglar. Según Lisa Gnaski, esta nueva forma de ver las cosas no solamente afectará a nuestra vida privada, sino también a los negocios, cuyo valor no se basará en los productos y servicios que ofrecen, sino en sus clientes, a los que buscarán atender a medida que surgen nuevas necesidades.

La Malla, el término con el que Lisa Gnaski denomina a este nuevo modelo de economía, se basa en el concepto de colaboración, invitándonos a comprometernos con otra gente, a compartir nuestras ideas, nuestros bienes y nuestros conocimientos de forma que quienes los necesitan puedan utilizarlos. Esta red o “Malla” pretende ampliar nuestra visión del mundo e invitarnos a construir colaborando.

Entrevista con Lisa Gnasky en el portal francés de colaboración “Consommation Collaborative” «La Malla representa un cambio fundamental en las relaciones personales, en la forma de relacionarnos con los objetos y los servicios», afirma la autora. «La Malla alcanza a todos los elementos de nuestra existencia, desde el trabajo hasta la vida privada. Lo importante y lo que busca es que los bienes y servicios sean accesibles, que no se creen para ser poseídos. La malla pretende que se comparta, no que se posea algo que después quizás no se use tanto como se habíha pensado». En su libro “La Malla”, la autora cataloga 25 categorías distintas en 90 países que participan de forma activa. Las categorías van desde la inmobiliaria al automóvil pasando por los alimentos, la moda y los bienes culturales. Cada región adapta su oferta en función de la demanda de sus clientes. La Malla ha contabilizado 25 sociedades de automóviles que ofrecen compartir coche y adaptan la oferta a su territorio.

En el concepto de La Malla, las empresas aprenden unas de otras y, de esta forma, todos ganan. La colaboración es un aspecto fundamental de este entramado: nos guste más o menos, todos estamos conectados entre nosotros. Además, muchos objetos que tenemos, al igual que muchos conocimientos, tienen un valor que a menudo desconocemos. Las plataformas que se dedican a conectar a unas personas con otras buscan dar valor tanto a esos objetos como a los conocimientos. Puede que no sepamos que podemos ayudar a los demás, pero es seguro que cada uno de nosotros puede servir de ayuda a muchas personas, ya vivan enfrente de nuestra casa o al otro lado del mundo. Estas plataformas están abriendo el mundo de los negocios: hasta ahora, las empresas poseían sus fábricas, contaban con trabajadores y guardaban la información como algo sagrado. Los nuevos métodos se basan en lo contrario: colaboración, generosidad, confianza, veracidad y transparencia”, comenta la autora.

¿Qué modelo fiscal se podría aplicar a esta economía colaborativa?

Personalmente, no creo que los gobiernos deban controlar el modelo colaborativo. Es demasiado pronto. Estamos ante el comienzo de un gran cambio en lo concerniente a este tipo de negocio y de economía y el control por parte del gobierno generaría dudas. Por otra parte, soy partidaria de que los gobiernos apoyen este tipo de experiencias debido especialmente a la promoción de la innovación, al fomento de nuevos modelos económicos participativos. El mejor tipo de colaboración lo elegirá el mercado basándose en la adaptación a su ecosistema económico y social. La malla que describo en mi libro genera tal tráfico de datos que resulta muy enriquecedora para los participantes. Spotify, Zopa, KisskissBankBank, Buzzcar, Deways, Velib, son algunos ejemplos de negocios que se sustentan en esta malla de oportunidades. Actualmente, los estados pueden ayudarnos a crear nuevos proyectos para llegar a nuevas categorías de clientes. Los emprendedores, las instituciones, los ciudadanos e incluso los turistas aprenderán a evolucionar de forma rápida en un medio autónomo y responsable.

¿Qué modelos prevé para el futuro ?

Lo primero, la movilidad. En 2050, el 75% de los ciudadanos vivirá en un medio urbano. Los desplazamientos serán una de las cuestiones más importantes a las que deberemos hacer frente. El actual sistema de transporte urbano deberá revisarse completamente. Después, el mundo laboral. Se crearán nuevas formas de trabajar y nuevos espacios de trabajo. Los trabajadores del futuro deben gozar de una calidad de vida serena en la que poder desarrollar su creatividad. La tercera vía de desarrollo será la inmobiliaria. Este sector está desfasado y es el que registra el mayor índice de derroche debido a la gran cantidad de espacios vacíos y sin utilizar que existen en la actualidad. Desde iglesias hasta escuelas, aparcamientos, terrazas etc., plataformas como One Fine Stay, Loosecubes, VRBO y Airbnb permiten aprovechar estos espacios compartiéndolos. La malla se extiende gracias a individuos en movimiento, conectados, voluntarios y que no tienen miedo a lanzarse a la aventura emprendedora de forma rápida.

¿Qué evolución se espera para los próximos 5 años?

Descubriremos una nueva libertad al comprender que no necesitamos poseer tantas cosas, que no tenemos por qué sentirnos apresados por tantos bienes materiales que no utilizamos ni por el mantenimiento de objetos que no sabemos reparar. La vida será mucho más plena, más alegre, con más interacción entre las diferentes comunidades. Desde el punto de vista emprendedor, descubriremos que hay mucho valor en los pequeños momentos de la vida cotidiana, en los nuevos ecosistemas que nacerán alrededor de esos nuevos servicios de colaboración y participación entre particulares”.

Más información 100 portales de consumo colaborativo

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