El movimiento de Transición y los retos del futuro

El movimiento de Transición y los retos del futuro

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El movimiento de transición busca un modelo más sostenible

Durante el año 2004, el Reino Unido compró a Francia un total de 10,2 millones de kg de leche y nata y, ese mismo año, vendió a Francia 9,9 millones de kg de los mismos productos. Por su lado, Alemania vendió al Reino Unido un millón y medio de kilos de patatas y le compró la misma cantidad.

En 2004 Gran Bretaña compró cerveza por un total de 310 millones de libras esterlinas y vendió la misma bebida por un total de 313 millones. Claro que Gran Bretaña no es el único país que realiza este tipo de transacciones: la globalización económica exige que las autopistas de todo el planeta rebosen de productos que bien podrían haber sido fabricados en los países de destino.

El movimiento de Transición es una iniciativa internacional en pleno auge que, retomando la pregunta que en su día se hizo el economista estadounidense Herman Daly, se cuestiona: ¿por qué no se intercambian las fórmulas los unos con los otros mediante correo postal?

Un mundo en transición es necesario y urgente

«En un contexto como el actual, en el que el precio del petróleo es cada vez más inestable, cuando el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) nos advierte de que abandonemos el petróleo antes de que él nos abandone a nosotros, cuando la noción misma de crecimiento económico está cada día más limitada y las dificultades que plantea el cambio climático son tan importantes, la pregunta de Herman Daly cobra un sentido especial.

Sin embargo, seguimos viendo como normal el hecho de desperdiciar cantidades astronómicas de energía transportando productos que podríamos producir nosotros mismos.

El movimiento de Transición considera que las dificultades van a seguir aumentando y que este hecho forzará a nuestras economías a desarrollarse en un ámbito más local; que el pico del petróleo obligará a dar marcha atrás a la globalización; y que estos cambios no deben verse como una catástrofe, sino como una oportunidad para desarrollar nuestra creatividad tanto en el ámbito comunitario como empresarial.

El movimiento de Transición está formado por unos grupos de trabajo que se reúnen para mejorar la resiliencia en el ámbito local, reforzando la economía del lugar. Para ello se apoyan en el concepto de “localización como desarrollo económico”.

Estos grupos se encargan de la creación de monedas locales, de abrir tiendas que pertenecen a la comunidad, de crear nuevas explotaciones agrícolas, jardines comestibles y huertos comunitarios con el fin de obtener una producción que se destine al consumo local.

También fundan empresas energéticas comunitarias financiadas por accionistas locales, plantan árboles productivos en los parques, incitan a los ciudadanos a reducir sus emisiones de carbón y la factura energética creando mutuas entre los vecinos y les animan a formar parte activa en nuevos proyectos que se apoyan en los principios de la economía comunitaria, de la regeneración de la economía local y de la rehabilitación de casas con materiales locales.

En la actualidad existen más de 700 iniciativas de Transición en 37 países de todo el mundo. Apoyándose en una serie de principios sencillos, sobre algunas herramientas y algunos “ingredientes” más, cualquiera puede iniciar un proceso de transición y hacerlo suyo. Los participantes comparten las enseñanzas adquiridas durante sus experiencias en la Red de Transición. En lo concerniente al consumo, es obvio que todos tenemos necesidad de consumir.

Hoy en día, sin embargo, la forma en la que lo hacemos está estrechamente relacionada con nuestro deseo de vivir en el seno de una comunidad cuya economía es fuerte y dinámica. Basta con imaginar que el lugar donde vivimos es un cubo con un agujero. El cubo es el lugar donde se recoge el salario, las pensiones y el dinero del estado.

El problema es que cada vez que vamos a comprar al supermercado o que pagamos la factura de la electricidad o que apoyamos a las multinacionales en lugar de a los comerciantes de nuestro barrio, el dinero se escapa por el agujero del cubo, en lugar de ser utilizado para la creación de un nuevo negocio local o de representar una nueva oportunidad de recibir formación.

Todo esto cobra mayor importancia en un momento en el que los estados reducen los presupuestos que se recogen en dicho cubo.

El concepto de “relocalización como desarrollo económico” ofrece la posibilidad de tapar los agujeros de la economía local creando nuevos modos de producción y de transformación de alimentos, apoyado a los agricultores locales, creando nuevas empresas, produciendo materiales de construcción, desarrollando nuevos programas de formación para los jóvenes e instalando sistemas de generación de energía renovable mantenidos y gestionados por la comunidad.

De hecho, si nos ponemos a reflexionar nos daremos cuenta de que las posibilidades son innumerables. El consumo, en lugar de ser un problema, puede convertirse en la solución para hacer que nuestros pueblos sean más resilientes en periodos de incertidumbre.”

Artículo redactado por Rob Hopkins y extraído del libro “Vivre ensemble 7 milliards d’humains”, editado por Goodplanet.

Sobre el Movimiento de Transición

Movimiento de Transición en España

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