El mal negocio del automóvil

El mal negocio del automóvil

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Al contrario de lo que se cree, los conductores no son una enorme fuente de ingresos para los estados, a pesar de su enorme contribución económica mediante impuestos y tasas. Los impuestos de circulación, sobre el combustible, las multas y peajes no bastan para compensar la enorme carga que supone el automóvil para los presupuestos de los estados.

Los vehículos motorizados, al contrario de lo que puede parecer, no son un buen negocio ni para los estados ni para los conductores. Si bien los conductores deben hacer frente a un número creciente de impuestos, tasas, tarifas de aparcamiento etc., por su parte la sociedad asume los costes de construcción de infraestructuras y su mantenimiento, así como el enorme gasto que generan los propios automóviles (daños debidos a la contaminación, ruido, atascos, accidentes, atención sanitaria…) A todo esto hay que añadir las ayudas fiscales que los estados proponen tanto a particulares como a empresas por la adquisición de nuevos automóviles y los costes derivados de la dispersión urbana que este medio de transporte propicia.

Si se analiza todo este conjunto de factores, la idea de que los impuestos compensan los gastos queda en entredicho: en la mayoría de estados de la Unión Europea este balance resulta negativo. En Bélgica se ha llevado a cabo un análisis exhaustivo del balance de ingresos y gastos derivados del automóvil. Según las cifras aportadas por la Federación belga de la industria del automóvil y la bicicleta (FEBIAC), los ingresos percibidos por el estado federal y las regiones alcanzaron los 12.285 millones de euros. Este cálculo tiene en cuenta todos los ingresos derivados del uso del automóvil desde el impuesto sobre el combustible hasta la venta de piezas y las multas. Por su parte, según datos de la Agencia Europea del Medioambiente (AEE), los costes externos del automóvil en Bélgica alcanzaron los 108 euros por 1.000 personas/kilómetros (pers/Km) en 1995 (el equivalente a 135 pers/Km euros en 2007 teniendo en cuenta la inflación). Ese año circularon 112.450 millones de pers/Km por las carreteras belgas.

Esta cifra representa 15.181 millones de euros de costes externos, incluyendo las infraestructuras, es decir, 2.896 millones de euros más que lo que el Estado había ingresado en el mismo año, o un 23,5%. Teniendo en cuenta estos datos, las cuentas del automóvil en los estados están en números rojos. Además, hay que añadir como gasto las deducciones fiscales que algunos estados están aplicando por la compra de un automóvil nuevo. En el caso belga este gasto asciende a 208 millones de euros en el caso de los automóviles particulares. Sólo en automóviles de empresas, el estado belga se gasta 4.100 millones de euros anuales. Si además de esto añadimos la dispersión urbana que propicia el automóvil, la carga del automóvil para los presupuestos de los estados es cada vez más pesada.

Reducir la huella ecológica global del automóvil implica una disminución drástica del número de automóviles, una reorientación de las compras hacia vehículos mucho más modestos y su utilización de forma más razonable

El éxodo urbano registrado durante los últimos años en la mayoría de ciudades europeas ha generado una serie de gastos ocultos asociados a las infraestructuras (arcenes, canalización de agua potable y electricidad, etc.), a las superestructuras (escuelas, hospitales, piscinas, guarderías, etc.) y a servicios tales como el correo o la recogida de basura. El carácter un tanto oculto e indirecto de este tipo de gastos hace que pasen desapercibidos y sean ignorados en los análisis de las políticas públicas, cuando sus cifras son verdaderamente astronómicas.

Fuente

Informe “Tasar más, tasar mejor” (francés)

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2 Comments

  1. Muy interesante la información, ¡gracias!

  2. El artículo esta muy bueno. Llevo años denunciando esto, porque algunos conductores acusan a los ciclistas de que no pagamos impuestos, y yo siempre decía. Al contrario, yo como ciudadano ciclista estoy sufragando tus necesidades, y destrozos. Mucho mayores, que el pago de los impuestos del automovilista. Se ha olvidado afirmar las altísimas subvenciones que, muchas veces en secreto los estados européos dan a las industrias automovilisticas, para que las fábricas permanezcan dento de sus fronteras. Normalmente son subvenciones multimillonarias para mejorar los procesos de fabricación, en maquinarias, y robots nuevos. No solo las subvenciones para la compra de coches nuevos.

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