El libre mercado nos lleva de la obesidad a la hambruna

El libre mercado nos lleva de la obesidad a la hambruna

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Según datos de la Cruz Roja, en 2010, 1.500 millones de personas en el mundo padecían obesidad, mientras que 925 millones sufrían de hambre y malnutrición. La organización con sede en Suiza constata así un aumento de la privación y de la crisis alimentaria. Según Bekele Geleta, secretario general de la Federación Internacional de asociaciones de la Cruz Roja, “encuentro muy preocupante que en 2011, en una época en la que sobran los alimentos, en la que los rendimientos agrícolas son mayores que nunca y en la que casi 1.500 millones de personas padecen obesidad, 925 millones de seres humanos no tengan la posibilidad de alimentarse de forma suficiente. El número de personas malnutridas es hoy en día mayor que en 1970”. Un 15% de la población mundial se acuesta con hambre. La mayoría de ellos vive en regiones de Asia, del Pacífico y en el África Subsahariana. Cada año mueren en el mundo 3 millones de niños menores de 5 años por causa de la hambruna. “Debemos ser claros en materia de terminología: cuando hablamos de malnutrición podemos estar hablando de mala alimentación o de un régimen desequilibrado con carencia de vitaminas o minerales. Es notorio que en 2011 estamos ante una epidemia de malnutrición en todas sus formas”, comenta Bekele.

Mientras mil millones de personas encuentran enormes dificultades para alimentarse de forma suficiente, mil quinientos millones sufren de obesidad

En prácticamente todas las regiones del mundo los precios de los alimentos han registrado un aumento. Esta subida hace que los precios actuales superen los de 2008 durante la crisis alimentaria. Para la mayor parte de la población de los países ricos este aumento no representa ningún problema de gravedad, pero en los países más pobres el aumento de los precios ha situado a decenas de millones de personas al borde de la supervivencia. Incluso en países ricos como en los Estados Unidos, el alza de los precios de los alimentos ha propiciado un gasto de casi 70.000 millones de dólares en vales alimentarios para ayudar a más de 40 millones de sus ciudadanos. En Europa, la Federación Europea de Bancos de Alimentos, organización que se encarga de distribuir entre los más necesitados los restos de restaurantes e industrias, cuenta actualmente con más de 240 organizaciones asociadas en 18 países del continente.

El fin de la era de los alimentos baratos.

Son varios los factores que han propiciado el alza de los precios de la alimentación. Entre otros, se puede citar la reducción global de las reservas debido a unas normas de conservación más estrictas; el impacto del cambio climático en la agricultura; el creciente uso de tierras de cultivo destinadas a la producción de agrocombustibles; la decisiva y reconocida influencia de la especulación financiera en la volatilidad de los mercados alimentarios (nada más estallar la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, los inversores se lanzaron a la búsqueda de alternativas con las que poder conseguir gran rentabilidad y los alimentos son una de ellas). En cuanto a la búsqueda de soluciones, hay expertos que se decantan por la potenciación de la inversión en las pequeñas explotaciones agrícolas. También hay quienes están a favor de invertir en una agricultura intensiva, que requiere grandes inversiones de capital. La Cruz Roja se decanta por los pequeños agricultores que abastecen la mitad de productos alimentarios mundiales y garantizan el 90% de la producción del continente africano. El pequeño agricultor es la clave de la seguridad alimentaria, nunca el problema. En muchas ocasiones, el pequeño agricultor logra mejores rendimientos que las grandes explotaciones, pero estos agricultores necesitan semillas y abonos, mejores redes de comercio y un creciente apoyo en el ámbito de la investigación. «La inseguridad alimentaria alcanza niveles críticos. Nosotros respondemos en la medida de nuestras capacidades, que dependen de los recursos proporcionados por nuestros socios», afirma Bekele Geleta. «En 2010, la sequía dejó a la región del Sahel y especialmente a Níger, cuya población depende de la agricultura basada en la lluvia, al borde de una hambruna de masas. Sin embargo, nuestra petición, cuyo objetivo era reunir 4,4 millones de dólares de Estados Unidos para prestar asistencia en forma de alimentos y semillas a 400.000 personas, sólo se pudo completar en un 50%. En este orden de cosas, los inversores extranjeros, apoyados por gigantescos fondos especulativos, se están lanzando a una nueva conquista de África. Esta conquista es uno de los principales obstáculos con los que se encuentra el desarrollo de la agricultura a pequeña escala: el acaparamiento de tierras de cultivo. Un reciente informe del Instituto de Oakland revela que las compras de terrenos, efectuadas en muchos casos sobre bases jurídicas muy discutibles, expulsan a millones de pequeños agricultores de sus pequeñas y ancestrales tierras para hacer sitio a cultivos intensivos, especialmente de agrocombustibles y flores. Esto debe acabar, la comunidad internacional debe decirlo en voz alta: África necesita producir alimentos, no flores ornamentales para decorar las mesas de los comedores en los países ricos.”

Según la actual situación, el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, que tiene como meta reducir a la mitad el número de personas que se enfrentan a la extrema pobreza y al hambre, tiene pocas posibilidades de cumplirse.

¿De dónde provienen los alimentos que consumo?

En los países ricos, la cuestión del origen de los alimentos, dónde y quién los produce, es un asunto cada vez más importante para los consumidores. El movimiento del comercio justo se remonta a 1940. Por otra parte, es conveniente que se tenga en cuenta la caducidad de los alimentos, cuya estricta rigurosidad conlleva la destrucción de gran cantidad de alimentos completamente comestibles, o la estúpida costumbre de los supermercados de proponer frutas y verduras de cierta talla, forma y color uniformes (práctica que excluye radicalmente a los pequeños agricultores cuyos productos, pese a su mayor calidad, no se corresponden con los requisitos estéticos de la gran distribución). Si la dinámica de los mercados ha generado una situación en la que un 15% de los habitantes del planeta sufre hambruna mientras que un 20% padece obesidad, algo está fallando. La economía debe estar al servicio de las personas y no a la inversa. Para corregir esta lamentable situación se deben encontrar los medios de controlar las leyes de la oferta y la demanda, del mismo modo que hacemos con el peso cuando viajamos en avión o construimos un rascacielos. Debemos controlar la oferta y la demanda y fomentar un reparto más justo de los alimentos entre quienes comen demasiado y quienes no tienen nada que comer».

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