El huerto como aula

El huerto como aula

- in Noticias
1715
0

En EEUU, un país preocupado por el futuro de su seguridad alimentaria, las escuelas que enseñan a sus alumnos a cultivar un huerto han dejado de ser una excepción. Solamente en California existen 4.000 huertos escolares donde los alumnos cuentan con la posibilidad de aprender a cultivar sus propios alimentos.

En EEUU, muchos padres, maestros y directores de escuela ya han podido comprobar los beneficios que aporta el aprendizaje en un huerto escolar para la educación de los niños. Al contrario de lo que puedan pensar algunos escépticos, estos huertos no son solamente una aportación creativa por parte de los educadores, sino que cuentan con numerosos estudios científicos que avalan sus efectos positivos sobre la conducta y el aprendizaje de los niños. Michelle Ratcliffe, doctorada en agricultura, alimentación y medioambiente y miembro de la institución “Farm to School and School Garden Research Consortium”, organismo dedicado a la investigación y evaluación de materias que refuercen los programas, prácticas y políticas escolares basados en el jardín y la agricultura, comentaba en una entrevista con la directora de comunicación del Center for Ecoliteracy, Lisa Bennett: «Los huertos escolares han dejado de ser una cuestión marginal para pasar a ser un hábito social«.

A pesar de que los huertos escolares son un elemento relativamente nuevo en el mundo de la educación, lo que implica que aún no ha habido suficiente tiempo para llevar a cabo un número significativo de estudios contrastados sobre la materia, sí que se cuenta ya con diversos informes y gran cantidad de experiencias por parte de profesores y educadores. Las escuelas utilizan los jardines como laboratorios donde los estudiantes aplican los conocimientos que han adquirido en las aulas, y donde pueden forjar sus propias experiencias prácticas sobre matemáticas, ciencia y ciencias sociales. Los huertos escolares son lugares donde los estudiantes exploran el medioambiente y donde se plantean preguntas tales como ¿cómo funciona la naturaleza? ¿cómo interactúan los organismos entre sí y con el medioambiente? ¿cómo obtenemos y utilizamos la energía alimentaria que todos los organismos vivos necesitan para sobrevivir? En un huerto escolar, los niños empiezan a comprender los efectos de la actividad humana sobre la biosfera.

Durante casi un siglo de filosofía educacional y práctica, que engloba diversas materias tales como el aprendizaje social y emocional, el aprendizaje basado en proyectos, la salud de los estudiantes y los logros académicos, se ha llegado a una conclusión muy clara: si quieres que los estudiantes rindan más en los centros escolares y más adelante, considera la totalidad de la experiencia del niño y de la escuela.

Aprendizaje social y emocional: considerar al estudiante como un todo incluye su aprendizaje social y emocional, algo que puede cultivarse de forma muy natural en el jardín. Tal y como describe un reciente estudio publicado por la organización sin ánimo de lucro que fomenta el estudio del aprendizaje social y emocional, CASEL, las escuelas que cuentan con programas de aprendizaje social y emocional registran una media de: 11% de mejoría en los resultados de los exámenes 9% de mejoría en el comportamiento en la escuela y en el aula 9% de disminución de problemas de conducta, tales como mal comportamiento en clase y agresividad.

Aprendizaje basado en proyectos y en lugares: los huertos escolares pueden crear oportunidades para lo que se denomina aprendizaje basado en proyectos y lugares, un efecto que están investigando un número creciente de estudios, donde se destacan los siguientes beneficios: Mejores resultados en las pruebas estándar de lectura, escritura, matemáticas, ciencias y estudios sociales. Mejora del comportamiento en clase, aumento de autoestima, mejora de resolución de conflictos, resolución de problemas y mayor desarrollo del pensamiento. Los estudios también demuestran que los profesores se involucran y se motivan más, se comprometen con los estudiantes, son más capaces de colaborar de forma efectiva con otros educadores.

La salud del alumno y los logros académicos: después de décadas de datos que indican una epidemia de obesidad infantil, diabetes tipo 2 y otras enfermedades derivadas de la alimentación, la salud de la gente joven ha pasado a ser el centro de una nueva iniciativa de Michelle Obama (que en 2009 plantó un jardín ecológico con niños de escuela en los campos de la Casa Blanca). En vista de esta tendencia, no es sorprendente que un número creciente de escuelas estén plantando huertos, donde los estudiantes cuentan con la posibilidad de adquirir conocimientos de primera mano sobre los alimentos frescos y saludables; donde, tal y como informan de manera prácticamente universal los educadores de este ámbito, los estudiantes seguramente van a probar frutas y verduras que nunca antes habían probado; y donde, según un informe publicado por el American Journal of Clinical Nutrition, pueden desarrollar hábitos que les llevarán a alimentarse de forma más saludable cuando sean adultos.

Tampoco resulta sorprendente la afirmación de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, según la cual: “El éxito académico de los jóvenes norteamericanos se encuentra estrechamente vinculado a su salud”. Los niños que se alimentan de forma más saludable tienen más probabilidades de rendir bien y de presentar menos problemas de comportamiento. Un estudio de 2005 “Growing Minds: The Effect of a School Gardening Program on the Science Achievement of Elementary Students” demostraba que los estudiantes que participaron en actividades de jardinería en la escuela obtenían puntuaciones significativamente superiores en los exámenes de ciencias, en comparación con otros estudiantes que no contaban con un aprendizaje basado en el jardín. Además, el jardín es el lugar ideal para que los estudiantes desarrollen los conocimientos ecológicos que necesitarán para enfrentarse a los retos medioambientales que nos esperan, y para llegar a ser los líderes y los ciudadanos que comprenden cómo funciona la naturaleza, son capaces de asimilar la relación entre las actividades humanas y la misma, y son capaces de actuar de forma efectiva basándose en este conocimiento. Extracto del artículo publicado por Lisa Bennett, directora de comunicación en el Center for Ecoliteracy.

Farm to School and School Garden Research Consortium

Estudio de Casel

Growing Minds: The Effect of a School Gardening Program on the Science Achievement of Elementary Students

About the author

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may also like

El menú tóxico del día, Europa descuida sus alimentos

Es sencillo. Basta con procurarse las ofertas de cualquier supermercado. Organizar un menú de tres platos no resulta nada caro. La comida está barata. ¿Condición imprescindible? No mirar ni su procedencia ni su composición. Ya tenemos un menú completo, a buen precio y tóxico.