Transición energética: el gas no es la solución

Transición energética: el gas no es la solución

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El gas no puede ser energía puente de las fósiles

En un informe impactante, David Hughes, geólogo experto en materia de recursos energéticos durante casi cuatro décadas, desmonta el mito (creado por la industria, el gobierno y muchas organizaciones medioambientales) de que el gas natural nacional puede suponer un “combustible puente” de las fuentes de energía de alto contenido en CO2 tales como el carbón o el petróleo a un futuro de energías renovables.

Resumen del informe.
El gas natural se está presentando como un “combustible puente” entre las fuentes de energía de alto impacto, tales como el carbón y el petróleo, y un futuro de energías renovables.
Esto se basa en un creciente optimismo sobre la capacidad de técnicas tales como la perforación horizontal y la fracturación hidráulica (fracking) para acceder a las rocas de esquisto,  yacimientos que antes eran inaccesibles.
Un informe de los últimos análisis (2011) de la Agencia de Información Sobre la Energía en EEUU (EIA) revela que todos los huevos se han puesto en la cesta del gas de esquisto en términos del futuro crecimiento de la producción de gas en EEUU.
Sin el gas de esquisto, la producción interna de gas en el país caería un 20% hasta el año 2035. El gas de esquisto se caracteriza por sus costosos pozos, que además se consumen de forma muy rápida, y requieren enormes cantidades de energía y de agua. Existe bastante controversia sobre el impacto de la fracturación hidráulica sobre la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, así como de los residuos tóxicos provenientes de la perforación de los pozos.
En el estado de Nueva York se ha impuesto una moratoria sobre la perforación para extraer gas de esquisto.
Otros análisis indican que el coste de la producción de gas de esquisto es muy superior a los actuales precios del gas, en especial muy superior a los precios que la EIA estima para la mayor parte del próximo cuarto de siglo.
Un análisis de las previsiones de la EIA en cuanto a la producción de gas de esquisto revela que, para que se logren dichas previsiones, habrá que aumentar de forma drástica el número de perforaciones, con el impacto medioambiental que esto supone.
El ciclo completo de las emisiones de gas de efecto invernadero provenientes del gas de esquisto podría ser peor de lo que se ha pensado hasta ahora, y posiblemente peor que el carbón. Incluso si asumimos que se pueden alcanzar las previsiones del EIA en cuanto al crecimiento de la producción de gas de esquisto, éste en general no podría sustituir al carbón para la generación de electricidad ni al petróleo para el transporte.
La sustitución del carbón requeriría un aumento del 64% de la producción de gas con respecto a los niveles de 2009; los vehículos pesados requerirían un aumento de 24% y los vehículos ligeros otro 76% más.
Esta sustitución también requeriría la construcción masiva de nuevas infraestructuras, incluyendo conductos, instalaciones de almacenamiento y recarga de gas, etc.
Estamos hablando de un sueño imposible desde el punto de vista logístico, geológico, medioambiental y financiero.
La transición al gas natural no es ninguna panacea, y existen muchas otras vías que pueden lograr una disminución de las emisiones de gas de efecto invernadero y la demanda de combustibles, mejorando así la seguridad energética.
Más de la mitad de las instalaciones de generación de electricidad mediante carbón tiene más de 42 años de antigüedad. Muchas de estas plantas son ineficaces y cuentan con pocos controles de contaminación, si es que cuentan con alguno.
Las nuevas normativas de la EPA, que entrarán en vigor en 2015, pretenden retirar aproximadamente un 21% del carbón. Las tecnologías más avanzadas aplicadas a la generación tanto por medio de gas natural como de carbón pueden reducir las emisiones de CO2 un 17% y un 24% respectivamente, así como las cantidades de otros agentes contaminantes.
La captura del calor que se desperdicia en estas plantas para su utilización en calefacción podría aumentar la eficiencia energética de forma considerable.
También hay que tener en cuenta el importante papel de este combustible para otros usos aparte de la generación de electricidad en el sector industrial, comercial y residencial, que constituyen el 70% del consumo actual de gas natural y para el que no existe sustituto hasta la fecha.
Es probable que el número de vehículos propulsados por este tipo de combustible aumente en un ámbito restringido, como por ejemplo los largos recorridos. Sin embargo, las estrategias dirigidas a lograr una mayor sostenibilidad energética deben centrarse en la reducción de la demanda de energía y en la optimización del uso de los combustibles que se queman.
Al fin y al cabo, los hidrocarburos que no se queman no producen emisiones. Las “soluciones” intensivas desde el punto de vista de capital y uso energético, tales como la captura y almacenamiento de carbono (CSS) son, como poco, cuestionables, y resultan completamente contradictorias con el concepto mismo de sostenibilidad energética.

Ver informe completo

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