El desarrollo sostenible en la adaptación social

El desarrollo sostenible en la adaptación social

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Augustenborg es un barrio de la ciudad sueca de Malmö que se ha convertido en ejemplo de cómo el desarrollo sostenible puede favorecer la adaptación social.

Augustenborg es el barrio que registra mayor número de parados (50%) de la ciudad sueca de Malmö, con un 65% de la población formada por inmigrantes. Es, por lo tanto, el típico barrio conflictivo que existe prácticamente en todas la ciudades del mundo. Suecia es el país cuyos habitantes poseen la cultura ecológica más activa de Europa. Los suecos tienen unos valores ecológicos muy arraigados en su cultura, que no son necesariamente los mismos que los de los inmigrantes. Esta característica social no impidió que, en 1998, la ciudad de Malmö y la empresa de gestión inmobiliaria MKB, emprendieran la transformación del barrio de Augustenborg con el objetivo de convertirlo en un ecobarrio. Se comenzó una rehabilitación de los viejos edificios y de su entorno. Para conseguirlo, había que implicar a los habitantes del barrio: se crearon asociaciones y grupos de trabajo y se les invitó a participar en reuniones temáticas e incluso en viajes de estudios. Augustenborg fue construido entre 1948 y 1952 y constituyó el barrio piloto de la política de alojamiento sueca de posguerra. Pero, desde finales de los 60, los alojamientos comenzaron a perder prestigio entre los primeros habitantes del barrio, que comenzaron a desalojarlo y a ser sustituidos por la población inmigrante. Tal y como comenta Trevor Graham, responsable de desarrollo sostenible de la ciudad de Malmö, “nadie se atrevía a decir que vivía aquí, tal era la connotación negativa que ello suponía”. Actualmente, después de una inyección económica de 18 millones de euros provenientes del estado, de la Comunidad Europea y del sector privado, la tasa de paro aún sigue siendo muy elevada pero el proyecto, pese a todo, consiguió generar un efecto real de inserción social, reflejado en la tasa de participación en los referéndums y consultas locales.

El principal problema del barrio eran las inundaciones. Después de cada tormenta mediana, los sótanos de los edificios se inundaban con relativa facilidad. La primera obra consistió en drenar las aguas de superficie, tarea que fue la primera oportunidad de implicar a los vecinos. “Nos dimos cuenta de que uno de los residentes, obrero cualificado, aportaba muchas ideas sobre cómo llevarlo a cabo”, comenta Trevor Graham. “Nuestros ingenieros le consultaron y su contribución fue tan decisiva que lo contratamos como consultor”. El agua de lluvia se dirigió a una red de pequeños canales a cielo abierto que conducen a unos estanques artificiales o a zonas inundables temporalmente de un parque vecino, para ir a parar finalmente a las canalizaciones de la ciudad. De esta forma, se generan zonas húmedas con plantas que crean un efecto estético agradable a la vez que actúan como agentes descontaminantes. También las viviendas están provistas de plantas. Las cubiertas verdes son muy beneficiosas: contribuyen al aislamiento y a la absorción de la humedad.

En Augustenborg, el agua caliente sanitaria se logra a través de los paneles solares térmicos instalados en las cubiertas. Las reformas de aislamiento de las fachadas permitieron una reducción del consumo energético de un 34%. Además, se obtuvo un ahorro adicional de un 20% gracias a la formación impartida a los residentes sobre formas de optimizar el consumo energético en los hogares. De esta forma, gracias a la pedagogía, el 65% de los residuos domésticos se reciclan. Por decisión de los residentes, el resto de residuos es recolectado por el municipio para producir biogás. Actualmente en el barrio se está probando un sistema de generadores de energía eólica doméstica cuyo objetivo es la total autonomía eléctrica antes de 2020.

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