El cielo rosa de Nueva York

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El estado de Nueva York se enfrenta a una grave decisión: en estos días, se está debatiendo si se debe permitir o no la práctica de la fractura hidráulica, también conocida como fracking, un método de extracción de gas natural nada convencional que, en otros estados, ya ha demostrado su enorme impacto sobre el medio ambiente y la vida de los habitantes de la zona. El gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, ya ha comunicado en diversas ocasiones que está a favor de emitir los permisos necesarios para que la industria pueda llevar a cabo la extracción del gas. Sin embargo, no son pocos los detractores de este método de extracción que podría contaminar las ricas reservas hídricas del país, teniendo en cuenta que la cuenca Marcellus, el yacimiento de gas cuya explotación se encuentra a debate, ocupa más del 50% del territorio del estado de Nueva York. Por otro lado, no hay que olvidar que la independencia energética, uno de los argumentos que esgrime la industria para canalizar la opinión pública en su favor, nunca podría lograrse a través del gas natural, ya que este combustible no es equiparable ni puede de ningún modo sustituir al petróleo, que deberá continuar importándose como se hace a día de hoy. Estos y otros muchos argumentos son los que expone Josh Fox, director del documental Gasland, en su nueva película “The Sky is Pink” (El Cielo es Rosa), en el que explica de qué manera la industria está ejerciendo presión sobre los responsables de la toma de decisiones y sobre la opinión pública para lograr que se apruebe la extracción de gas natural en el estado de Nueva York. La cuenca Marcellus es uno de los yacimientos de gas natural más grande de EEUU y se cree que es la segunda reserva de gas más grande del mundo. Esta cuenca se encuentra a unos 5.000-8.000 pies de profundidad bajo los estados de Nueva York, Pennsylvania, Virginia Occidental, Ohio y Maryland, lo que ha hecho que la industria de los combustibles fósiles demuestre especial interés por estas comunidades.

El gas, que hasta hace unos años era un recurso inaccesible debido a la dificultad y el coste económico de extraerlo de la roca de esquisto en que se encuentra encerrado, es ahora un codiciado bien que la industria logra obtener mediante el fracking, un proceso industrial extremadamente contaminante y destructor cuya práctica está viviendo su auge en Pennsylvania. En el estado del nordeste de EEUU, la experiencia de las comunidades cercanas a los pozos de extracción ha levantado ampollas y ha hecho que la población de los estados donde se está cuestionando la puesta en práctica del fracking, entre ellos el de Nueva York, se pronuncie con un resolutivo NO al fracking. Josh Fox, director del documental Gasland, trata el tema en su nuevo cortometraje, The Sky is Pink (El Cielo es Rosa), en el que desvela los métodos de generación de dudas entre la población por parte de la industria con la complicidad de los medios de comunicación, que han dejado de lado su tarea de investigación y se limitan a transmitir lo que se comenta o debate en las ruedas de prensa. Al igual que hizo en su día la industria del tabaco, la industria de los combustibles fósiles está intentando acallar las voces de quienes, con datos científicos en la mano, pretenden detener el fracking a toda costa.

“La práctica del fracking destruye el paisaje, contamina el aire, conlleva una crisis de la salud pública, atrae el tráfico masivo de camiones, requiere kilómetros y kilómetros de conductos, implica explosiones, vertidos, accidentes… en fin, supone una industrialización a gran escala”. Josh Fox, director de Gasland y The Sky is Pink.

Las campañas publicitarias son otro de los métodos utilizados por la industria del gas para convencer a la población de las bondades de su negocio. En su día, también la publicidad del tabaco llegó a representar a doctores y madres de familia anunciando cigarrillos para desmitificar los problemas de salud que el tabaco podría conllevar. Del mismo modo, en EEUU se está gastando mucho dinero para convencer al público de que la industria que pretende extraer gas natural en sus tierras es absolutamente inocua e incluso beneficiosa, no solamente por los puestos de trabajo que promete, sino también porque ha abanderado el lema de la tan deseada independencia energética del país. Sin embargo, The Sky is Pink presenta numerosos documentos existentes en el seno de la industria del gas, algunos de ellos incluso generados por encargo de la misma, en el que se exponen los peligros de la extracción de gas natural mediante la técnica de fracking debido a la facilidad con que gases explosivos y tóxicos pueden filtrarse a las reservas hídricas. ¿Por qué no se han hecho públicos estos documentos? ¿Por qué basta con que alguien ponga en duda el peligro para que esta duda se propague por los medios de comunicación y el peligro deje de existir ante la opinión pública?

Esta y muchas otras son las cuestiones que se plantea la nueva producción de Josh Fox. Tal y como afirma el presidente del congreso del estado de Nueva York, Sheldon Silver, en el documental, también la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA) aseguró en su día que el cemento proveniente de las torres gemelas no conllevaría ningún problema para la salud, y hoy están muriendo personas de cáncer debido a que respiraron el aire contaminado. “Deberíamos llevar a cabo todos los estudios necesarios para garantizar que los procesos son seguros y no esperar a causar un mal irremediable”, afirma Silver. En el estado de Nueva York, sin embargo, las protestas populares no se han hecho esperar. “No hay ninguna duda”, afirma el senador Daniel Squadron “de que si la gente no se hubiera preocupado por el tema, si no hubiera hecho ruido, el fracking ya se habría aprobado con nocturnidad y alevosía, y estoy seguro de que la primera vez que habríamos oído hablar de esta técnica habría sido cuando se presentara la primera crisis”. Como parte de esta reacción de la población, el Departamento neoyorkino de Protección del Medioambiente recibió 66.000 comentarios sobre la cuestión del fracking en el estado, una cifra nunca antes alcanzada. El documental The Sky is Pink desvela los datos que la industria del gas no quiere que se sepan, datos como que el antiguo gobernador de Pennsylvania, Tom Ridge, cobró 900.000 dólares por su papel de portavoz de la Coalición de la Cuenca Marcellus y que Tom Corbett, gobernador de Pennsylvania, contó para su campaña electoral con 1,6 millones de dólares provenientes de la industria del gas. Hoy la población de EEUU clama por saber antes de que sea demasiado tarde, antes de que queden contaminados unos recursos hídricos que aún son ricos y saludables. En el estado de Nueva York, el permiso para utilizar el fracking implicaría la creación de hasta 100.000 pozos de extracción, lo que transformaría de forma radical el territorio. Aquí, en España, la amenaza continúa su sigiloso camino, sin que apenas hayamos leído nada sobre el fracking en los medios de comunicación. Más nos valdría a nosotros también informarnos sobre los daños que este método de extracción puede provocar antes de que sea demasiado tarde. Antes de permitir que se perforen las tierras en busca del combustible deberíamos plantearnos qué precio están pagando quienes por descuido o desidia ya han permitido a la industria perforar en sus tierras.

La imagen de un habitante de Pennsylvania prendiendo fuego al agua que sale de su grifo habla por sí sola. En España, la página web Fractura Hidráulica No se dedica a la recopilación y la difusión de información sobre la actividad en torno al fracking en el país.

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