El agua del grifo y la publicidad

El agua del grifo y la publicidad

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El agua embotellada es 200 veces más cara que el agua del grifo. Su procesamiento y la producción de las botellas de plástico en que va envasada conllevan unas emisiones de gas de efecto invernadero casi mil veces superiores a las que genera la gestión necesaria para que tengamos agua de grifo. En el mundo entero, cada año se embotellan 89.000 millones de litros de agua, una cantidad de botellas que bastaría para construir una veintena de Torres Eiffel de plástico. La cuarta parte de toda el agua que se embotella se destina a la exportación y va a parar a un país distinto del de su origen. Además, diversos estudios cuestionan la calidad del agua embotellada, algunas de las cuales no están recomendadas para el consumo diario. En Besanzón, localidad de 120.000 habitantes situada en el noreste de Francia, el ayuntamiento decidió hace unos años crear su propia marca de agua proveniente del grifo para hacer entender a los ciudadanos que el agua embotellada no tiene por qué ser mejor que la del grifo, que tiene un enorme impacto medioambiental y que, además, resulta mucho más cara. “Una familia que deje de comprar agua embotellada puede ahorrar hasta mil euros al año”, afirma Régis Demoly, director técnico del departamento de agua y saneamiento de Besanzón. Estas cifras son muy serias. De hecho, los franceses son unos de los mayores consumidores de agua embotellada del mundo. Y las aguas del río Loue, que el municipio se encarga de tratar y gestionar, son de las mejores de todo el país vecino. Estos fueron los motivos que, hace unos años, llevaron al ayuntamiento a promover el consumo de agua del grifo. Jean-Louise Fousseret, alcalde del Besanzón, explicaba: “No hay ninguna necesidad de andar transportando el agua a cientos de kilómetros, de contaminar el medio ambiente y de derrochar toda esa energía, ahora que cada vez es más cara”.


 

Sin embargo, en el año 2006, todas las encuestas resultaban desfavorables al consumo del agua del grifo: los ciudadanos no se fiaban de su calidad. El convincente márquetin de la industria del agua, que a menudo alardea de las propiedades saludables del agua mineral, había hecho mella en los hábitos de consumo de los habitantes de la ciudad. ¿Cómo convencerles de lo contrario? ¿Cómo explicarles ciertas realidades tales como que la Organización Mundial de la Salud jamás ha señalado los efectos benéficos del agua embotellada? Según Régis Demoly, director técnico del departamento de agua y saneamiento de la ciudad, “las encuestas mostraban que el agua que se trataba y distribuía en la ciudad era poco apreciada. Además, el servicio asociado a la gestión del agua era bastante desconocido. Tuvimos que restablecer la confianza de la población”. Pues bien, para convencer a la población de Besanzón de que el agua del grifo es tanto o más saludable que el agua embotellada traída de lejos, en el año 2006 el ayuntamiento decidió emplear las mismas armas que la industria: aplicaron una estrategia de márquetin que comenzó por dar un nombre al agua local, la Bisontine, cuya imagen pronto comenzó a verse en los carteles publicitarios. Uno de los datos más representativos de esta singular campaña fue que en los anuncios no aparecía una botella, solamente las etiquetas y el agua que brotaba del grifo como si se tratara de una fuente. De esta forma se mostraba el rechazo al plástico, un material cuya producción tiene un enorme impacto sobre el medio ambiente y que, además, debido a que no es biodegradable, constituye una de las fuentes de contaminación más importantes del mundo. Para continuar dando a conocer la imagen del agua del grifo, al año siguiente se distribuyeron 8.000 jarras de agua con el logotipo y la nueva marca del agua del grifo entre los habitantes y los restaurantes de la ciudad. En el año 2008 se puso a la venta la primera botella de agua con gas “Bisontina”, agua que provenía del grifo y a la que sencillamente se le añadía gas. Las botellas en que se vende la Bisontine son de cristal, se fabrican en una planta de la región y son retornables, es decir, el cliente paga una consigna que le es reembolsada cuando devuelve la botella, de tal forma que esta se pueda reciclar y reutilizar. El circuito de distribución del agua Bisontine embotellada cubre un máximo de 50 km. alrededor de Besanzón. Este agua cuesta unos 60 céntimos menos que el agua mineral con gas y, además, su compra está colaborando con el mantenimiento de los puestos de trabajo de la planta de embotellamiento, donde cada año se producen unas 100.000 botellas de Bisontine. Los beneficios que se obtienen de la venta del agua con gas se reinvierten en el mantenimiento de las redes de agua potable. “La venta de agua con gas forma parte de la campaña de comunicación sobre el agua municipal”, afirma Régis Demoly. Pues bien, parece que la campaña ha funcionado. Una encuesta realizada en el año 2011 confirmaba que el 74,4% de los habitantes de Besanzón afirmaban confiar en la buena calidad del agua del grifo. La estrategia adoptada por el ayuntamiento de Besanzón muestra claramente el poder que el márquetin ejerce sobre la voluntad del consumidor. Por ello es de suma importancia que este permanezca informado y se cuestione continuamente la calidad y la proveniencia de los productos que compra, sin dejarse llevar exclusivamente por la publicidad.

Más información

Fotografía de portada: Arte TV

La historia del agua embotellada en Ladyverd.com

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