E. coli resistente: somos lo que comemos

E. coli resistente: somos lo que comemos

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El profesor Peter Collignon, de la unidad de enfermedades infecciosas y microbiología del Hospital de Canberra, Australia, exponía en un informe publicado en marzo de 2009 por qué cada vez existen más cepas resistentes a los antibióticos. El estudio, publicado en la revista especializada Oxford Journals, recomendaba dejar de utilizar una serie de antibióticos en la alimentación del ganado aviar, porcino y bovino.

«La bacteria Escherichia coli es la causante de muchas infecciones del flujo sanguíneo que pueden resultar mortales (1), así como de otras infecciones comunes tales como las que afectan al tracto urinario. El número de bacterias E. coli resistentes a los antibióticos está aumentando de forma rápida, en especial las resistentes a las fluoroquinolonas y las cefalosporinas de tercera y cuarta generación. Sorprendentemente, la transmisión de estas cepas resistentes a múltiples medicamentos es más habitual en las comunidades que en las instituciones sanitarias (2, 3). El E. coli resistente a los medicamentos suele transmitirse mediante la alimentación (alimentos y agua) y cada día aumenta el número de E. coli resistentes a los medicamentos (4). La ingesta de alimentos esterilizados hace que el número de E. coli resistentes a los fármacos en el individuo descienda de forma rápida y sustancial (4). Sin embargo, aún no se sabe a ciencia cierta de dónde provienen las E. coli resistentes a los medicamentos que se encuentran en nuestros alimentos. ¿Son cepas fundamentalmente humanas que contaminan el agua y los alimentos, o son cepas derivadas fundamentalmente de los animales de que nos alimentamos? El estudio de Johnson et al (5) ayuda a responder a esta importante pregunta: el equipo analizó 289 E. coli aisladas de carnes e investigó una serie de factores en cuanto a su virulencia y resistencia a los medicamentos. Los resultados mostraban que las bacterias aisladas resistentes a los medicamentos tenían características muy similares a las bacterias aisladas propensas recuperadas de los mismos tipos de carne, pero eran bastante distintas a las aisladas en otros tipos de carne. Es decir, las bacterias aisladas resistentes a los medicamentos que se encontraban en los productos comercializados de carne aviar eran muy similares a las bacterias aisladas propensas encontradas en productos comerciales de carne aviar, en comparación con las bacterias resistentes a las drogas o propensas de E. coli aisladas en la carne porcina o bovina.

Por ello, es muy probable que la mayoría de las bacterias aisladas resistentes a los medicamentos que se encuentran en la carne aviar, por ejemplo, sea el resultado del uso de antibióticos en pollos (y no el resultado de la introducción de cepas de personas u otros animales en los corrales de pollos o la contaminación cruzada de carne aviar tras el sacrificio de los animales). A pesar de que este hecho puede parecer obvio, no ha sido bien recibido por mucha gente relacionada con los sectores agrícolas y farmacéuticos. Este estudio tiene limitaciones. Los autores solamente analizaron la resistencia a una serie de antibióticos y solamente investigaron un pequeño número de muestras, especialmente en algunos tipos de alimentos. Solamente se obtuvieron muestras en las tiendas de comestibles de cuatro zonas geográficas de EEUU.

Sin embargo, es difícil ver cómo una expansión de su estudio a muchas más zonas y un aumento del número de muestras podría modificar sus descubrimientos, altamente convincentes e importantes desde el punto de vista estadístico. Se necesitaría estudiar más profundamente en qué medida estos descubrimientos pueden aplicarse a regiones o países donde la materia fecal humana puede contaminar los alimentos o el agua con mayor frecuencia. Hay quien afirma que las cepas resistentes a los antibióticos que se desarrollan en los animales son altamente irrelevantes a la salud humana, ya que las cepas de E. coli son relativamente específicas de las especies, por lo que no causarán enfermedades a las personas. El presente estudio (5) muestra los errores de dicha argumentación. Gran parte de las bacterias aisladas de las carnes poseían factores de virulencia asociados con enfermedades humanas. Incluso si algunas cepas de E. coli son relativamente específicas en ciertos animales, los genes de resistencia a los antibióticos que estas cepas animales contienen es muy probable que acaben siendo mucho menos específicos y, por ello, transferibles a bacterias que se encuentran en el organismo humano. Los humanos albergamos grandes cantidades de E. coli en los intestinos (4). Johnson et al (6) han demostrado que es muy probable que la mayoría de las E. coli resistentes a los medicamentos encontradas en personas provinieran de la ingesta de productos de origen animal (en especial aves). (…)

¿Qué significa todo esto?

Es muy probable que muchas cepas de E. coli resistentes a los medicamentos encontradas en organismos humanos provengan de la ingesta de alimentos de origen animal. Sabemos que las cepas de E. coli altamente resistentes a los medicamentos (resistentes a las fluoroquinolonas, a un espectro amplio de betalactámicos, etc.) se están expandiendo en la sociedad (2, 3). La cadena alimentaria parece ser la explicación más probable de esta expansión. Existe un uso generalizado de antibióticos en los piensos para animales (a menudo para prácticas inapropiadas tales como el fomento del crecimiento o una masiva y permanente medicación preventiva). En muchos países, existe un uso generalizado de cefalosporinas de tercera y cuarta generación (ceftiofur y cefquinoma) y fluoroquinolonas (enrofloxacin) en los piensos para animales. A pesar de que muchos países, en especial algunos países en vías de desarrollo, utilizan mayores cantidades que en EEUU de estos antibióticos críticamente importantes, sabemos que una gran cantidad de pollos producidos en EEUU y Canadá están expuestos a cefalosporinas de tercera generación (7, 8). Recientemente, cuando la oficina estadounidense de alimentos y medicamentos (FDA) intentó limitar el uso de ceftiofur (7), en especial para la medicación masiva y para el uso paralelo en la ganadería aviar, la presión de los intereses de la agricultura y la farmacia tuvo como resultado que esta decisión fuera aplazada (aunque, espero, no revocada). Hay quien argumenta que ciertos sectores de la agricultura no podrían sobrevivir sin el uso de este tipo de antibióticos de amplio espectro. Sin embargo, este argumento parece falaz. Las fluoroquinolonas fueron retiradas del uso para la ganadería aviar en EEUU sin que esto tuviera consecuencias graves en la producción. En Australia, el uso de fluoroquinolona en los piensos para animales nunca ha estado permitido y, sin embargo, el país cuenta con una industria cárnica válida para la exportación y un sector de producción de carne en expansión. En Australia apenas existen muestras de E. coli resistentes a la fluoroquinolona en los alimentos provenientes de animales o en las carnes comerciales producidas de forma local (9, 10). Lo que es más importante: en Australia se encontraron muy pocas muestras de resistencia a fluoroquinolona (<5%) en las muestras de E. coli encontradas en las personas, incluso personas hospitalizadas (1, 11), a pesar de que la fluoroquinolona se lleva utilizando para el tratamiento de personas y animales más de 20 años.

Por eso, es muy probable que el bajo nivel de resistencia a la fluoroquinolona en las muestras de E. coli encontradas en personas en Australia estén relacionadas en gran parte con la no utilización de fluoroquinolonas en los piensos para animales. Esta relación nos muestra cómo podríamos disminuir el índice de resistencia a los antibióticos en todas partes. A pesar de que nos preocupa el número creciente de E. coli resistente a diversos medicamentos en los países desarrollados, el problema es mucho peor en los países en vías de desarrollo (1, 2), donde los recursos, el control y la vigilancia a menudo son insuficientes. Un gran número de personas que viven en países en vías de desarrollo están infectados con E. coli resistente a diversos medicamentos y podrían ser incurables. Este hecho también representa un problema para los viajeros: los viajes son un enorme factor de riesgo para la transmisión de E.coli resistentes a los antibióticos (2). La importación de alimentos también se puede ver afectada por este problema, ya que los alimentos podrían contener cepas resistentes de E. coli (12). Las cepas de E. coli resistentes a los medicamentos en personas se ven reflejadas en los tipos y número de bacterias resistentes a los medicamentos que se encuentran en las instituciones sanitarias. La resistencia a los medicamentos encontrada en bacterias aisladas en pacientes de instituciones sanitarias es a menudo atribuida al escaso control de infecciones y a las prácticas antibióticas del hospital. Sin embargo, cuando las cepas resistentes a los medicamentos aparecen extendidas en la comunidad y los afectados están tratados con antibióticos (por ejemplo para tratar la neumonía o como profilaxis ante una cirugía), entonces las cepas resistentes a los medicamentos que estos llevan en el cuerpo tienen la oportunidad de proliferar y extenderse en las instalaciones sanitarias.

Es necesario que dejemos de utilizar fluoroquinolonas y cefalosporinas de tercera y cuarta generación en los piensos para animales.

Esto parece ser de mayor importancia en el ganado aviar (6), donde a menudo se utiliza la medicación masiva añadiendo antibióticos a los alimentos o al agua, y utilizando inyecciones automáticas en los huevos de pollos destinados al consumo antes de que rompan. Como medida de urgencia se debería, como mínimo, lograr una importante disminución del uso de este tipo de antibióticos en el mundo entero. Esta disminución solamente puede lograses mediante la prohibición del uso paralelo en los piensos para animales (por ejemplo, como en su día propuso la FDA para el ceftiofur). La resistencia a los antibióticos de las cepas de E-coli que se transportan y se adquieren en la comunidad está aumentando de forma muy rápida, en especial la resistencia a antibióticos de suma importancia. Tenemos que hacer todo lo posible para impedir que estas cepas sigan desarrollándose y extendiéndose. Tenemos que dejar de utilizar antibióticos tales como las cefalosporinas de tercera generación y las fluoroquinolonas en los piensos para animales.»

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