Destruir las autopistas y crear vías férreas: ¿un plan de futuro?

Destruir las autopistas y crear vías férreas: ¿un plan de futuro?

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Sustituir las autopistas obsoletas por vías férreas

Uno de los problemas más acuciantes de las ciudades es el tráfico, con la congestión, la contaminación y los problemas de salud que este conlleva. En los países industrializados, el ciudadano se ha acostumbrado a conducir su automóvil incluso para trayectos que podría realizar perfectamente a pie. Las autopistas se convertirán en monstruos que nadie querrá recordar.

Por su parte, las autoridades no toman en serio el asunto y, en muchas ciudades, se han construido carriles para bicicletas que cubren el expediente pero que, más bien, parecen una broma. Un carril para bicicletas tiene que tener un recorrido que lleve al usuario por los lugares transitados de la ciudad. No basta con un simple trazado que no lleva a ninguna parte, por mucho color que se le dé y por mucho impacto visual que se quiera conseguir.

 

En España existen ya demasiadas carreteras, autopistas y demás infraestructuras para los automóviles, que han costado muy caras al contribuyente. Con la actual crisis energética, que propiciará que los precios de los combustibles sean cada vez más caros, circularán menos automóviles por dichas vías.

El profesor de la Universidad Curtin en Australia, Jeff Kenworthy, en su reciente intervención en la cumbre “EcoCité2011”, celebrada en Montreal, propone una solución frente al problema de los atascos de tráfico: destruir las autopistas y construir vías ferroviarias.

El investigador australiano Jeff Kenworthy sugiere destruir las autopistas para acabar con la congestión del tráfico que tantos problemas está creando en las ciudades de todo el mundo. Según Kenworthy, los ciudadanos abandonarían sus automóviles particulares si existiera una amplia y eficaz red de trenes. Estas redes ferroviarias son, según el investigador, esenciales para la creación de eco-ciudades sostenibles y eficaces. Jeff Kenworthy garantiza que «los trenes y los autobuses no son incompatibles entre ellos, sino con los coches«.

Basándose en estudios llevados a cabo en ciudades con una buena red de ferrocarriles, Jeff Kenworthy constató que el uso del autobús registraba prácticamente el mismo número de usuarios que el ferrocarril. Para aquellas regiones que carecen de vías ferroviarias, es necesario implantar una buena red de autobuses para servir a la ciudadanía.

La reducción de la capacidad viaria puede ayudar a reducir la congestión. Si se cierra una gran infraestructura como una autopista, una gran parte de automovilistas elegirá alternativas tales como el transporte público, la bicicleta o simplemente irá a pie. Por otra parte, hay que tener en cuenta la «Paradoja de Braess», una fórmula matemática que demuestra que ampliar la capacidad de una carretera propicia muchas veces un aumento de la congestión y del tiempo necesario para recorrerla.

«En Canadá, la mayoría de comunidades se crearon alrededor de las vías ferroviarias«, afirma Cynthia Lulham, jefe de proyecto de Proximity, el grupo de trabajo del Ministerio de Transportes canadiense. «Durante los últimos años la expansión de las vías ferroviarias sufrió un declive, especialmente debido a que los ciudadanos se decantaron por el automóvil particular como medio de transporte habitual. Sin embargo, actualmente se está registrando un auge del transporte ferroviario, que vuelve a ser popular«, comenta Cynthia Lulham.

Los estudios de Kenworthy aportan datos que confirman que, entre los años 1995 y 2005, la utilización del autobús en Canadá registró una disminución, mientras que los usuarios del tren aumentaron un 24,3%. Según Kenworthy, este aumento se debe a la fiabilidad y visibilidad del sistema. «El hecho de que sea difícil desplazar o mover los raíles aporta un sentimiento de seguridad al usuario. Saben que podrán realizar el mismo trayecto durante muchos años sin que cualquier decisión política pueda modificarlo«, explica Kenworthy.

Además, las vías ferroviarias poseen numerosas ventajas con respecto a los automóviles.

El tren es silencioso y no contamina, es menos costoso, ocupa menos espacio que una autopista y permite que se construyan espacios verdes a su alrededor. Según el investigador australiano, un ejemplo de ello es Vancouver y su SkyTrain, una red de metro automático que circula sobre líneas exteriores. El SkyTrain ha propiciado que, en 20 años y a lo largo de su trayecto, se creen nuevos pueblos y comunidades.

Un desafío que debe vencer el tren para convencer a más ciudadanos de la importancia de abandonar el automóvil particular como medio de transporte habitual es la velocidad. Hoy en día, en muchas ciudades el coche aún sigue siendo más rápido que los transportes públicos.

La destrucción de autopistas no es un fenómeno nuevo ni imposible. En Estados Unidos encontramos el caso de Harbour Drive, en Portland, y el Embarcadero Freeway de San Francisco. En Corea del Sur, la Cheonggyecheon Highway de Seoul es otro ejemplo de una autopista destruida para construir canales y parques.

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