Dejad que los niños se acerquen a la naturaleza

Dejad que los niños se acerquen a la naturaleza

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En la historia de la humanidad, nunca antes los niños contaron con tal cantidad de dispositivos electrónicos y estuvieron tan desconectados con la naturaleza. Y no solamente ellos. Los aparatos electrónicos y una vida básicamente sedentaria nos están llevando a pasar mucho más tiempo dentro de los edificios que fuera de ellos. Así lo cuenta Richard Louv en su libro “Last Child in the Woods” (El Último Niño en los Bosques), en el que describe algo que todos conocemos pero a lo que nunca habíamos puesto nombre: el “Síndrome de la Falta de Naturaleza” (NDD por sus siglas en inglés), un término que pretende explicar cómo la desconexión de nuestra sociedad con la naturaleza está afectando a los niños. Según el autor, una falta de contacto diario con la naturaleza podría conllevar la atrofia del crecimiento y el aprendizaje. Nuestra sociedad está rodeada de aparatos electrónicos que nos ayudan a conectarnos, nos entretienen y nos informan. El televisor, los videojuegos y el ordenador son solamente algunos de los ejemplos de aparatos que todos tenemos en casa y los niños no son una excepción a la hora de sentarse horas y horas ante ellos. Lamentablemente, estos hábitos están aumentando de forma significativa el tiempo que pasamos dentro de casa y repercuten sobre nuestro contacto con la naturaleza, creando un estilo de vida sedentario y provocando inactividad física, factores relacionados de forma directa con los numerosos problemas de salud que padecen nuestros niños: sobrepeso y obesidad, asma, síndromes de falta de atención… Según Richard Louv, autor de “Last Child in the Woods”, este efecto colateral de la era de la electrónica se produce debido a que el cerebro humano está vinculado desde hace siglos a una existencia más rural, enfocada hacia la naturaleza, y no está preparado para el ambiente sobreestimulado en el que nos estamos moviendo. Algunos de los niños consiguen adaptarse, pero otros desarrollan los síntomas que describe el NDD, que incluyen problemas de atención, obesidad, ansiedad y depresión. Si bien el NDD aún no ha sido catalogado como enfermedad, este término describe el coste en términos humanos de nuestro alejamiento de la naturaleza.

Diversos estudios demuestran que la naturaleza fomenta la creatividad y calma a los niños que tienen problemas de exceso de información. Según dichos estudios, los niños que aprenden y juegan en el exterior tienen mayor capacidad de atención, mayor creatividad, niveles más altos de autoestima, mayor éxito en sus estudios y mejoran significativamente su desarrollo cognitivo, autodisciplina, expresión imaginativa y creativa, uso del lenguaje e interacciones sociales.

Sin embargo, como afirma Richard Louv, los padres deben aprender que la naturaleza no se encuentra solamente en el exterior de las ciudades y que, por tanto, no siempre hay que recorrer decenas de kilómetros para ofrecer a los niños el contacto diario que estos necesitan con ella: cualquier solar abandonado tiene una vida enorme y, en él, los niños encontrarán los estímulos suficientes para investigar y aprender sobre el mundo que nos rodea. Los padres deberían asumir que el tiempo que los niños pasan en la naturaleza también puede ser aprovechado por ellos para disfrutar de viejos placeres abandonados. No olvidemos que al pasar un tiempo en la naturaleza y aprender a conocer nuestra dependencia de ella somos más capaces de respetarla y entender los daños que le estamos provocando.

Richard Louv

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