Decrecimiento o destrucción

Decrecimiento o destrucción

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Dave Gardner es un ciudadano norteamericano que supo ver que el crecimiento está liquidando nuestros recursos, es injusto para las futuras generaciones, resulta físicamente imposible de perpetuar y, además, nos está esclavizando. Su película Growthbusters explica en apenas una hora y media y con la colaboración de Bill McKibben, Paul Ehrlich, Bill Rees y Peter A. Victor entre muchos otros, en qué consiste la crisis ecológica y económica que estamos sufriendo, quiénes están detrás y qué tenemos que hacer para intentar solucionarla. Dave Gardner es un ciudadano norteamericano que supo ver que el crecimiento está liquidando nuestros recursos, es injusto para las futuras generaciones, resulta físicamente imposible de perpetuar y, además, nos está esclavizando. Su película Growthbusters explica en apenas una hora y media y con la colaboración de Bill McKibben, Paul Ehrlich, Bill Rees y Peter A. Victor entre muchos otros, en qué consiste la crisis ecológica y económica que estamos sufriendo, quiénes están detrás y qué tenemos que hacer para intentar solucionarla.

 

 

Dave Gardner nació en Colorado Springs, un lugar paradisíaco que, desde hace unos años, no ha dejado de crecer. Cuando Dave pregunta a sus vecinos qué opinan sobre el crecimiento, todos están de acuerdo en que es desastroso y va a implicar un empeoramiento de su calidad de vida (contaminación, ruido, escasez de recursos, subida de los impuestos, mayor criminalidad…) Sin embargo, en su búsqueda de cómplices que le ayuden en su eterna batalla contra el crecimiento, Dave Gardner se ha encontrado con una barrera: los estadounidenses son adictos al crecimiento y tienen miedo a luchar contra él. Por este motivo, Dave ha seguido buscando la raíz del problema para darse cuenta de que este proviene del propio sistema. Así nació Growthbusters, la película que se atreve a cuestionar por qué los estados proveen incentivos económicos para aumentar el ritmo de crecimiento de la población (el ministerio de economía de Australia promovió en 2004 el eslogan: “Uno para mamá, uno para papá y otro para el país”; en Francia se conceden el doble de descuentos fiscales por el tercer hijo y el permiso por maternidad es más largo que para el primer y segundo hijo; en Japón, las parejas con niños reciben 13.000 yens cada mes; los rusos reciben 9.200 dólares por cada niño que nazca después del primero, e incluso disponen de un día libre “para procrear”…) Y todo esto se hace no solamente para lograr un aumento de la población, sino también para hacer crecer la economía. «El gobierno está llevando a cabo una auténtica propaganda», afirma Madeline Weld, presidenta del Instituto de Población de Canadá «según la cual tenemos que aumentar la población para lograr el crecimiento económico». La conclusión a que llega Dave es definitiva: desde que nacemos se nos programa para que busquemos el crecimiento en cualquier actividad que emprendamos. Y el crecimiento económico, en nuestra sociedad, se ha convertido en el objetivo de todo, la respuesta a todas nuestras preguntas. En la película “Growthbusters” Dave Gardner pretende demostrarnos que la prosperidad no tiene nada que ver con el crecimiento, a pesar de que últimamente han estado tan vinculados que hemos llegado a confundir ambos términos.

Gracias a la agricultura en primer lugar y al petróleo y la medicina posteriormente, la humanidad ha experimentado un aumento de su población sin precedentes. Sin embargo, por una cuestión puramente matemática, resulta imposible mantener un ritmo de crecimiento infinito en un mundo finito. Lo más preocupante de la situación en que nos encontramos actualmente es que, desde los años 70, ya se sabía que la íbamos a alcanzar: cuando todos los parámetros y estudios llevados a cabo por un equipo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachussets por encargo del Club de Roma advertían claramente que, si el crecimiento continuaba como hasta entonces, la sociedad del bienestar se derrumbaría durante las primeras décadas del siglo XXI. Todo parece indicar que los científicos estaban en lo cierto. Pero entonces, ¿cómo hemos permitido que esto ocurriera sin hacer nada para evitarlo? Pues resulta que, cuando parecía que el mensaje había calado en la población, los más perjudicados por esta amenaza a las bases de la economía moderna (es decir, los economistas, políticos y las multinacionales) lanzaron toda su artillería mediática contra el informe. El resultado está a la vista: contaminación por doquier, destrucción de los recursos naturales, agotamiento de los recursos pesqueros… La realidad es que la economía forma parte de un mundo más amplio y poderoso que no podemos ignorar, que es la naturaleza. Asumir todas estas verdades no le resulta fácil a Dave. Sin embargo, cuando la desesperación llega a un punto que parece no tener retorno, decide presentarse en las elecciones a la alcaldía: “Estaba harto de ver cómo los políticos, para subsanar los problemas, repetían los mismos errores que nos habían llevado a ellos”. Así que se decidió a retar en público y en todo momento el concepto de que el crecimiento trae prosperidad, a mostrar que el crecimiento nos está llevando al desastre y que tenemos que frenarlo como sea. Su lema es: olvidémonos de lo que nos han contado desde siempre. El crecimiento no es bueno y no es posible. Su reto es hacer que todos nos cuestionemos la religión del crecimiento a toda costa, que entendamos que el consumo desenfrenado que se nos ha inculcado es responsable de la emisión de gases de efecto invernadero, la pérdida de especies, la tala de árboles, el agotamiento de los recursos marinos… Y, además, no nos hace felices como nos habían prometido.
Por eso, la pregunta no es de qué tenemos que prescindir para dejar de consumir, sino de qué hemos prescindido para convertirnos en consumidores en lugar de ciudadanos. Quizás, como afirma Dave en la película, si somos capaces de pisar el freno del coche que nos está llevando a toda velocidad hacia el precipicio seamos capaces de descubrir una vida de posibilidades, más rica y más plena. Las soluciones que propone no nos sorprenden: tener menos hijos, cultivar tus propios alimentos, apoyar a las cooperativas de consumo locales, generar tu propia energía…. La actual crisis económica nos presenta una oportunidad sin precedentes para poner a prueba el nuevo modelo de una vida más satisfactoria. Busquemos una alternativa al PIB, a la actual forma de crear puestos de trabajo. El economista Peter A. Victor, catedrático de la Universidad de York y autor del libro “Managing Without Growth” propone una fórmula de eliminar el crecimiento y eliminar al mismo tiempo el desempleo, reducir los gases de efecto invernadero de forma importante, no disminuir los ingresos de los estados y erradicar la pobreza.
La fórmula mágica sería disminuir el número de horas que trabajamos y aumentar nuestra productividad, de forma que dispongamos de más tiempo libre para pasar en familia y con la comunidad, en lugar de poseer más bienes y servicios. Otra de las soluciones que propone la película es iniciar la transición de pueblos y ciudades como elemento revitalizador de las habilidades de cada individuo, como forma de retomar una vida que puede ser satisfactoria aún con menos ingresos. Está en nuestras manos elegir entre un futuro desastroso y un futuro de esperanza y creatividad.

La película puede adquirirse en la página web del autor, contiene subtítulos en español.

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