De la sostenibilidad a la resiliencia (II)

De la sostenibilidad a la resiliencia (II)

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La transición hacia modelos menos emisores de co2 una urgencia

Rob Hopkins, cofundador de Transition Network y autor del manual The Transition Handbook, explica por qué el concepto de resiliencia es una pieza clave en la adaptación al cambio climático, y por qué esta resulta más necesaria que la sostenibilidad.

El concepto de resiliencia surge cuando la ciencia ecológica comienza a analizar los motivos por los que ciertos sistemas desaparecen cuando se enfrentan a problemas imprevistos, mientras que otros sobreviven.

Estas observaciones ofrecen una perspectiva muy interesante sobre la adaptación y el desarrollo de los sistemas ante las crisis.

En este contexto, la resiliencia de las comunidades depende de una serie de factores:

  • Diversidad: una mayor diversidad de sus alimentos, del uso de la tierra y de los negocios y los modelos energéticos.
  • Modularidad: que implica fomentar la autoconfianza mediante factores fortalecedores de la economía local, tales como la producción local de alimentos y los sistemas energéticos descentralizados.
  • Fomento de los circuitos de proximidad: que consiste fundamentalmente en acercarnos los resultados de nuestras acciones, para que las consecuencias derivadas de ellas estén más presentes. Un reciente informe del centro de investigación DEMOS, Resilient Nation, planteaba la siguiente pregunta: “
¿Resiliencia ante qué?”. ¿Estamos creando resiliencia ante el cénit del petróleo y el cambio climático, o ante el terrorismo y las pandemias?

No es esta una disyuntiva en la que tengamos que escoger entre uno y otro, pero yo estoy convencido de que el peak oil y el cambio climático son problemas de tal magnitud y tan desestabilizadores que debemos darles prioridad, y las soluciones que encontremos serán muy distintas de las que podríamos adoptar ante el terrorismo o las pandemias.

¿Y cómo se lleva a la práctica este concepto de resiliencia?

Durante muchos años, los activistas que escribían y luchaban para lograr la relocalización afirmaban que la resiliencia constituía una buena idea porque propiciaba una economía mejor y más justa.

Ahora, a medida que los peligros del cénit del petróleo se hacen más tangibles, asistimos al surgimiento de un argumento adicional más convincente: con la previsible disminución de la energía disponible de la que se nutre nuestra sociedad, el fundamento de nuestra economía y de nuestra forma de vida tendrá que evolucionar, al menos en términos de producción y comercialización, desde un enfoque global hacia uno local.

Se necesita una enorme cantidad de petróleo barato para hacer llegar a nuestros comercios una serie de productos que hoy en día creemos necesarios, la mayoría de los cuales podríamos haber producido nosotros mismos hasta hace poco.

Pero la instauración de un sistema de producción distinto requiere el cumplimiento de unos plazos, la utilización de unos recursos y de un diseño proactivo y creativo. A menudo, en el debate sobre el cambio climático no se cuestiona el principio de que un mayor consumo proporciona una mayor felicidad individual.

Este debate más bien se centra en cómo producir esos bienes de consumo con menor coste energético. Pero, a medida que nos adentramos en una época en la que los precios del petróleo son cada vez más volátiles, en un mundo en el que los recursos son limitados y que requiere cada vez más una economía local en lugar de global, necesitaremos vincular la satisfacción y la felicidad a otros factores menos tangibles tales como la comunidad, el trabajo con sentido, las habilidades y las amistades.

Traducción del original publicado en el Número 257 (Noviembre/Diciembre 2009) de la revista «Resurgence»

Artículo Original

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