De la sostenibilidad a la resiliencia (I)

De la sostenibilidad a la resiliencia (I)

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sostenibilidad, una necesidad planetaria

Rob Hopkins, cofundador de Transition Network y autor del manual The Transition Handbook, explica por qué el concepto de resiliencia es una pieza clave en la adaptación al cambio climático, y por qué ésta resulta más necesaria que la sostenibilidad.

En julio de 2009, el Ministro de Cambio Climático del Gobierno del Reino Unido, Ed Miliband, desveló su Plan de Transición hacia un modelo de bajas emisiones de carbono, una ambiciosa declaración de intenciones para lograr una economía que reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero del país.

Este documento afirmaba que para el año 2020 se habría quintuplicado la producción de energía eólica, prometía tarifas reguladas que fomentaran la generación de energía doméstica y presentaba un proyecto sin precedentes para adaptar todos los hogares del país a un modelo de eficiencia energética.

En vista de la extraordinaria magnitud del reto que representa el cambio climático, no me atrevo a criticar los pasos que en este sentido está dando el gobierno.

Sin embargo, existe un error fundamental en el documento, que se repite en la mayoría de los debates en torno al cambio climático: el intento de abordar la cuestión del cambio climático sin tener en cuenta un concepto igualmente importante, la resiliencia.

El término “resiliencia” aparece cada vez más a menudo en los debates sobre cuestiones medioambientales y definitivamente resulta más necesario que el concepto de sostenibilidad.

La sostenibilidad y el oxímoron derivado de ella, el desarrollo sostenible, suelen considerarse como una respuesta suficiente al reto del cambio climático, con sus propuestas de reducción en el empleo de recursos para nuestro modelo de crecimiento económico globalizado, y de reducción de las emisiones derivadas de él.

Sin embargo, las respuestas al cambio climático que no aborden también el problema del peak oil o cénit de la producción de petróleo, un hecho inminente si es que no ha tenido ya lugar, no se están enfrentando de forma adecuada a este importante reto.

Pongamos por ejemplo el caso de un supermercado: se puede aumentar su sostenibilidad y reducir sus emisiones de carbono mediante la utilización de menos embalajes, la instalación de placas fotovoltaicas en la cubierta y de refrigeradores más eficientes desde el punto de vista energético.

El concepto de resiliencia, sin embargo, señala los diversos factores que reducen de forma determinante la seguridad alimentaria de la comunidad y que aumentan su vulnerabilidad ante el petróleo: el cierre de las tiendas de alimentación locales, la creación de las redes de abastecimiento necesarias para el supermercado, los productos que en él se venden, que solamente serían capaces de alimentar a la población durante dos días en caso de que fallara su suministro, las grandes distancias que recorren la mayoría de ellos…

Un ejemplo extremo que demuestra que el concepto de sostenibilidad no es suficiente lo encontramos en la reciente promoción de los supermercados Tesco, “Flights for Lights”, mediante la que el consumidor podía ganar puntos para volar en avión por la adquisición de bombillas de bajo consumo (¡!).

Algunas personas creen que podemos cambiar nuestro actual modelo “de alto impacto”, en el que los bienes recorren grandes distancias, por una economía de la información, en la que serían las ideas, más que los bienes, las que se intercambiarían y donde viviríamos en un mundo virtual de bajo impacto.

Sin embargo, semejante economía seguiría siendo altamente dependiente de los combustibles fósiles, necesarios para hacer funcionar los enormes servidores de internet gracias a los que cada mañana podemos revisar nuestro correo electrónico, para transportar nuestro desayuno, el café que nos bebemos, que proviene del otro lado del planeta, a menudo con un impacto desastroso sobre los sistemas alimentarios locales que en el pasado fueron capaces de alimentarnos.

A pesar de la tentación de creernos lo contrario, seguimos viviendo en el mundo físico, con unos consumos energéticos y de recursos que son muy reales y producen un gran impacto.

Traducción del original publicado en el Número 257 (Noviembre/Diciembre 2009) de la revista Resurgence.

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