Cuotas de CO2: la esquizofrenia europea

Cuotas de CO2: la esquizofrenia europea

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Parece ser que para la Unión Europea es más importante la economía que el medio ambiente. Así lo demuestra el historial que presenta el mercado de cuotas de CO2 desde su implantación en el año 2005. El sistema fue creado con el objetivo de incentivar a las empresas para que optimizaran el consumo energético en sus procesos de producción e invirtieran en energías renovables, que resultarían más ventajosas que seguir pagando unos derechos de contaminación cada vez más caros. Pero la idea se frustró casi de inmediato debido a que el precio de la tonelada de CO2, en lugar de subir, bajaba constantemente. Recientemente, el Parlamento Europeo rechazaba una propuesta de la Comisión Europea que pretendía la congelación de dichas cuotas, lo que ha asestado un golpe definitivo al mercado y ofrece a las empresas vía libre para contaminar. La congelación buscaba aumentar el precio de la tonelada de CO2 para relanzar la idea con la que se creó dicho mercado. Una vez más, el pulso entre el interés común y los lobbies de la industria ha sido ganado, de momento, por estos últimos. El principio en el que se basaba la idea del mercado de cuotas de CO2 es bastante sencillo: las empresas que emiten CO2 a la atmósfera deben comprar cuotas en el mercado que le otorguen derecho a contaminar y, en el caso de que acabe con excedentes, venderlos a otros países. El objetivo final era forzar a las empresas a invertir en energías renovables y, en general, a llevar a cabo reformas en sus sistemas de producción con el fin de contaminar menos.

El precio de la tonelada de CO2 pasó de los 30 euros en el año de su lanzamiento (2005) a menos de 5 en la actualidad. Esta tendencia no invita a los industriales a invertir en mejorar sus instalaciones desde el punto de vista medioambiental.

La Comisión Europea pretendía congelar el precio de 900 millones de toneladas de derechos de emisión de gas de efecto invernadero para retomar los objetivos del que es el plan más ambicioso del mundo en términos de protección medioambiental. Según responsables políticos de seis países (Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia y Dinamarca), este retroceso puede ser equivalente a una pérdida de ocho años de lucha contra el cambio climático y por ello imploran a los eurodiputados para que den marcha atrás y aprueben la propuesta de congelación de las cuotas. Por otra parte, los diputados que votaron masivamente contra dicha propuesta de la Comisión, votaron también a favor de incluir el CO2 emitido por los aviones en los derechos de contaminación.

Con estas dos decisiones, la política medioambiental europea sufre dos importantes reveses difíciles de recuperar. Una vez conocido el resultado de la votación que desestimaba su propuesta, la Comisión se ha puesto a trabajar para elaborar una nueva propuesta que verá la luz en dos meses. La Comisión pretende presionar a los eurodiputados para conseguir aumentar el precio de la tonelada de CO2 hasta los 20 euros. Con este precio se elimina la posibilidad de que las empresas prefieran pagar las multas a invertir en energías y procesos de producción más limpios. Si bien este sistema basado en una especie de mercado recibió numerosas críticas por parte de algunos sectores políticos, Europa no tiene ningún plan que le sustituya y que fomente el ahorro energético de las empresas para lograr cumplir con los objetivos medioambientales marcados y que se deberán discutir en la próxima cumbre que se celebrará en París en 2015.

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