Crisis ecológica global: actuar ahora o nunca

Crisis ecológica global: actuar ahora o nunca

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Actuar rápido contra la crisis ecológica del planeta

Frente a la crisis ecológica y medioambiental que hemos propiciado,  sólo tenemos dos opciones: la inacción, es decir, continuar haciendo negocios de la misma forma y profundizar en el callejón sin salida en el que vivimos, o llevar a cabo una verdadera revolución estructural de nuestra sociedad.

 

Para salvar el planeta y evitar catástrofes futuras es necesario dejar de contaminar la atmósfera con emisiones de gas de efecto invernadero. Hay muchos estudios y proyectos que demuestran que descarbonizar la sociedad no es sinónimo de volver a las cavernas, al contrario, la vida sería mucho más pacífica y placentera. Un enfoque hacia una sociedad ecológica es la única forma de salir del atolladero.

Dejar de contaminar e iniciar una transición ecológica

 

Estudio belga.

En Bélgica, el Consejo General de Economía y el Centro de Estudios para el Clima elaboraron un estudio que simulaba los costes y los beneficios que conllevaría que el país dejara de emitir gas de efecto invernadero en 2050. Es decir, en 2050 Bélgica no contaminaría nada.

Los resultados belgas confirman lo que varios estudios habían constatado en otros lugares del mundo: una Bélgica descarbonizada en 2050 ganaría en empleo y,  en general,   mejoraría su desarrolllo económico. Los datos confirman que, si se abandona la dependencia de la energía proveniente de fuentes fósiles, el país mejoraría enormemente en todos los segmentos. Combatir la crisis ecológica es rentable.

Cambiar de hábitos de vida y de formas de producción

La única condición es ponerse manos a la obra lo antes posible.

Bélgica, y cualquier otro país, sería más robusta en términos económicos si lograra abandonar el actual modelo basado en la quema de combustibles fósiles y en sistemas de producción insostenibles.

El estudio, que trató de abarcar todos los aspectos de le economía del país realizando un riguroso análisis de todos ellos, establece  varios escenarios que muestran las ventajas tanto económicas como por supuesto medioambientales.

 

Las inversiones necesarias  para la producción y el desarrollo de energía renovable, para mejorar las condiciones ecológicas del transporte  de personas y mercancías y en el imprescindible aislamiento térmico de edificios, se cubrirían sobradamente con los ahorros logrados en combustible.

Actualmente, Bélgica es dependiente de energías importadas en un 98%, sea petróleo o uranio. Anualmente los costes de estas importaciones ascienden a 18.000 millones de euros, gasto asumido por todos los ciudadanos.

Una adecuada inversión en energías renovables cambiaría totalmente este panorama.

En cuanto al empleo, la revolución descarbonizadora podría resultar como un plan de rescate después de una guerra. Los investigadores estiman que se podrían crear 80.000 empleos hasta 2030.

Las pérdidas de puestos de trabajo en sectores como el petróleo y el automóvil, se compensarían ampliamente con los nuevos empleos en sectores de la construcción (renovación y rehabilitación de edificios y viviendas) y en el sector servicios, ya que una economía de bajo impacto es igualmente una economía desmaterializada en la que la riqueza proviene en mayor medida de los servicios prestados a la colectividad que a la producción de productos.

Deben tomarse decisiones a medio y largo plazo

Los peligros del largo plazo.

Los peligros de proyectar metas en horizontes lejanos viene de los posibles cambios que pueden suceder tanto en asuntos tecnológicos como en temas socio políticos.

Además, la crisis ecológica que hemos propiciado, y la consiguiente adaptación a lo inevitable,  puede suponer un impacto económico difícil de prevenir.

Una de las principales dificultades que hay que solucionar es la de los políticos, siempre trabajando a corto plazo,  limitados y condicionados por su ámbito electoral. Esta mecánica del mundo político tal yo como se lleva a cabo actualmente,  les incapacita para proyectarse en el futuro y tomar decisiones a medio y largo plazo. Además, la crisis y la necesaria transición ecológica necesitará que se lleve a cabo una pedagogía para la que muchos políticos no están capacitados.

El estado del mundo en 2050 dependerá en gran parte de las decisiones que se tomen en los próximos años.

Por ejemplo, si se construyen viviendas alejadas 50 kilómetros de una estación de tren, en 2050 estas viviendas seguirán en el mismo sitio y sus habitantes dependerán de medios de transporte individual de gran impacto medioambiental. O si se llevan a cabo grandes proyectos de autopistas, que consolidarían la dependencia de el automóvil y alejarán a la sociedad de la transición ecológica hacia unas formas de producción y hábitos de vida sostenibles.

 

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