Contra el hambre, el derecho a la tierra

Contra el hambre, el derecho a la tierra

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Un reciente informe revela que muchos pequeños agricultores están siendo despojados de sus tierras en beneficio de las grandes compañías. Esta catástrofe, que muchos pueblos viven desde hace tiempo, podría alcanzar a las sociedades de los países industrializados en menos tiempo del que muchos pueden imaginar. Permitir que los especuladores entren en los mercados de alimentos acerca la posibilidad de que ocurra algo similar a lo que aconteció con la vivienda: en este caso, el pinchazo de la burbuja significaría escasez de alimentos y hambre, una amenaza demasiado importante que debería propiciar un cambio de estrategia en el ámbito mundial. Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, ha presentado recientemente su informe en la Asamblea de las Naciones Unidas. En él, el autor constata que cada año el planeta pierde el equivalente a la superficie de Italia en tierras de cultivo. Los aproximadamente 30 millones de hectáreas de cultivo se pierden debido a la degradación medioambiental, a la conversión de tierras para uso industrial y a la urbanización de las mismas. Esta tendencia se agrava debido a la proliferación del cultivo de agrocombustibles y a la especulación.

Cada año, 19,5 millones de hectáreas de tierras de labranza se pierden a favor del desarrollo industrial e inmobiliario.

El informe hace referencia a situaciones verdaderamente dramáticas relacionadas con los campesinos de todo el mundo. “Existen dos causas fundamentales: por un lado, la agricultura a pequeña escala ha dejado de ser viable. Por otro lado, quienes viven de ella han sido expulsados de sus tierras al no haber seguridad de tenencia efectiva. Por ello, muchos agricultores se convierten en trabajadores agrícolas en explotaciones industriales, donde con frecuencia perciben salarios inferiores a los de subsistencia, y quedan desprovistos de toda protección social o jurídica“. Los datos que aporta el estudio demuestran el fracaso relacionado con la seguridad alimentaria de la agricultura intensiva o industrial. Además, la crítica situación a la que se está llegando, con más de 500 millones de pequeños agricultores sufriendo hambrunas y privados del derecho a la tierra, se debe a la falta de organización y a una despiadada y tolerada especulación con tierras y alimentos.

En muchas regiones, en el marco de políticas agrícolas impulsadas por la exportación, se han establecido explotaciones industriales para la producción de alimentos, energía o cultivos comerciales. Por lo general, esto ha favorecido a los grandes productores agrícolas, que están mejor situados en los mercados, y para quienes resulta más sencillo producir las cantidades y cumplir las normas requeridas para la exportación.” Los pequeños agricultores, privados del derecho a la tierra, no encuentran más alternativa que la de trabajar como asalariados en condiciones precarias para las grandes compañías que acaparan las tierras. “Un reciente inventario del Banco Mundial en el que figuran 389 adquisiciones de gran escala o arrendamientos de tierras a largo plazo en 80 países revela que, si bien el 37% de los llamados proyectos de inversión está destinado a producir alimentos (cultivos y ganado), los agrocombustibles representan el 35% de esos proyectos

El acceso a la tierra y la seguridad de la tenencia son esenciales para garantizar el derecho a la alimentación

El informe analiza las amenazas que representa la creciente presión sobre la tierra para las poblaciones autóctonas, los pequeños agricultores y grupos específicos como pastores o pescadores. Además, el informe incide en la forma en que los estados y la comunidad internacional podrían respetar, proteger y asegurar el derecho a la alimentación reconociendo el acceso a la tierra como un derecho humano. Basándose en las lecciones aprendidas durante años de reformas agrarias, el informe subraya la importancia de la redistribución de tierras para garantizar el derecho a la alimentación. De igual forma, indica que debería priorizarse un modelo de desarrollo que no conllevara la expulsión de campesinos de sus tierras, que no introdujera modificaciones contra los derechos de propiedad ni fomentara el desarrollo de concentración hipotecaria que desprotege al más débil en beneficio de las grandes compañías. La tierra de cultivo escasea. La especulación inmobiliaria, el afán por conseguir beneficios económicos mediante el cultivo de agrocombustibles, las enormes superficies dedicadas a una forma de agricultura hoy carente de sentido debido a su alto impacto medioambiental… conforman un cóctel explosivo cuyos efectos ya están sufriendo las poblaciones más desfavorecidas del planeta, que están siendo expulsadas de sus tierras y se están viendo privadas del derecho a la alimentación. “Según análisis estadísticos, una distribución más equitativa de la tierra de cultivo podría reducir de forma determinante la pobreza: la reducción de un tercio del índice de desigualdad de la distribución de la tierra reduciría a la mitad el nivel de pobreza en un período de unos 12 a 14 años.

Ver informe completo (en español)

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