Contaminación: el fruto del crecimiento que mata

Contaminación: el fruto del crecimiento que mata

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El crecimiento económico que nos ha traído hasta aquí contamina y sigue contaminando
El mundo sigue empeñado en crecer económicamente, en seguir produciendo de forma inadecuada y sin tener en cuenta más factores que el enriquecimiento. La industria y el transporte siguen contaminando cada año un poco más. Preocupados exclusivamente por el empleo, tanto gobiernos como sindicatos se aferran al crecimiento como única salida, como única vía para cumplir sus promesas y objetivos. Sin embargo, los expertos en la realidad planetaria exigen desde hace tiempo un cambio, un giro radical de la forma de producir y de las estrategias que se han de seguir para poder alimentar a una creciente población y garantizar el bienestar de los ciudadanos. El crecimiento económico no puede seguir las mismas pautas pues sus fundamentos han perdido toda credibilidad y amenazan con provocar un colapso sin precedentes.

Es obvio que la actividad industrial, comercial y económica en general genera contaminación del aire y del agua además de agudizar la escasez de recursos básicos e imprescindibles para seguir creciendo. La contaminación, según un informe de la OMS publicado el pasado 25 de marzo, provocó la muerte de aproximadamente siete millones de personas en 2012. Estas muertes se atribuyen a la mala calidad del aire tanto exterior como interior. Las regiones de Asia y del Pacifico son las más afectadas.

El anterior estudio se había llevado a cabo en 2008 y sus resultados ya mostraban que las cifras de fallecimientos progresan de forma inquietante. Este tipo de informes demuestra que la contaminación es el factor medioambiental más importante y que su campo de acción no conoce fronteras y afecta a todo el mundo independientemente de su situación económica. Sólo en 2012 3,7 millones de personas fallecieron debido a la contaminación del aire exterior y 4,3 por causa del aire interior. Estos últimos encontraron la muerte a causa de respirar un aire contaminado por las emisiones de sus cocinas de leña o carbón y estufas.

La contaminación atmosférica es un agente cancerígeno para las personas.

Así lo revelaron los informes del Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer publicados el pasado mes de octubre. La exposición a un aire contaminado propicia el cáncer de pulmón y de vejiga. Las partículas finas emitidas por los motores de los automóviles ya habían sido catalogadas como cancerígenas. Estos efectos negativos de la contaminación de la atmósfera sobre la salud se analizan y estudian partiendo de concentraciones mínimas sin tener en cuenta los “picos” de contaminación que tienen lugar de forma cada vez más asidua.

Un reciente episodio nos mostraba a una ciudad como París sumergida en una nube de contaminación alarmante que ha llevado a las autoridades a tomar medidas de urgencia y restringir el tráfico motorizado por las calles de la capital francesa. En China, varias ciudades principales hace ya años que viven estados de alerta que pueden durar meses y que impiden a los ciudadanos llevar una vida normal. Esta continua contaminación, denominada “Airpocalypsis”, es fruto de un enorme crecimiento de la producción industrial y del aumento del nivel de vida de muchos de sus ciudadanos. (En pocos años el parque automovilístico chino se ha triplicado.)

El aire contaminado así es el causante del dramático aumento del número de muertes prematuras entre la población: en 2010 murieron prematuramente 1,2 millones de personas en China. El tráfico motorizado es la principal fuente de contaminación del aire en las ciudades.

Durante estos episodios o “picos” de contaminación aguda de la atmósfera, los ciudadanos padecen síntomas como dolor de garganta, tos y agotamiento. Si bien estos “picos” suponen una molestia a corto plazo, el verdadero riesgo se produce cuando la persona se expone de forma prolongada a una atmósfera contaminada. En estos casos, la contaminación se relaciona de forma directa con casos de enfermedades crónicas como el cáncer de pulmón y las enfermedades cardiovasculares. Además, la contaminación atmosférica puede también ser la principal responsable de alteraciones neurológicas. Así lo revela un estudio experimental llevado a cabo por investigadores de nacionalidad china y publicado en marzo de 2013. La exposición al NO2 es susceptible de aumentar el riesgo de demencia de origen vascular.

Más información

Ver estudio del IARC

La contaminación por NO2

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