¿Cómo reducir la basura electrónica?

¿Cómo reducir la basura electrónica?

- in Noticias
2016
0

Según un estudio llevado a cabo por la Escuela de Negocios Stanford, en California, la solución para disminuir de forma considerable las montañas de residuos electrónicos que se acumulan en todo el planeta es sencilla: desacelerar el lanzamiento de nuevos productos al mercado.

Los norteamericanos se compran un nuevo teléfono móvil cada 18 meses, los europeos cada 15 meses y los japoneses cada 9 meses. En el mundo, las cámaras digitales “antiguas” se sustituyen por otras nuevas cada dos o tres años. Y las empresas estadounidenses renuevan sus ordenadores cada cuatro años.

¿A dónde van a parar todos estos productos usados?

Directamente a la basura. De hecho, solamente en EEUU, los consumidores desechan 400 millones de productos electrónicos cada año. ¿Y qué ocurre con estos productos electrónicos desechados, que representan un millón de toneladas anuales de residuos? Muchos se envían a los países en vías de desarrollo, donde se procesan de forma ilegal para recuperar los metales preciosos que contienen mediante técnicas peligrosas y altamente contaminantes para el aire y el agua. Según un estudio reciente llevado a cabo por Erica Plambeck, Directora de Operaciones, Información y Tecnología de la Escuela de Negocios Stanford y por Qiong Wang de los laboratorios Alcatel-Lucent Bell, la solución sería desacelerar el ritmo de lanzamiento de nuevos productos al mercado. Esto, a su vez, reduce la velocidad con que los consumidores sustituyen los productos electrónicos adquiridos, y disminuye las montañas de basura electrónica que se acumulan a lo largo y ancho de todo el planeta. Varios gobiernos ya se han encargado de regular la recogida de residuos electrónicos: en California, por ejemplo, se cobra al consumidor una tasa de reciclaje cada vez que adquiere nuevos productos electrónicos. En algunos países miembros de la Unión Europea, la responsabilidad de retirar y tratar los productos electrónicos viejos al final de su ciclo de vida corresponde al fabricante. Plambeck y Wang demuestran que, si se implementa de forma adecuada, estas normativas pueden reducir de forma significativa la cantidad de residuos electrónicos que se generan cada año. «Algunos tipos de normativa son capaces de ralentizar la velocidad de lanzamiento de nuevos productos al mercado y mitigan el llamado “Efecto Osborne», afirma Plambeck.

El Efecto Osborne es un término que designa lo ocurrido cuando el fabricante de ordenadores portátiles Osborne Computer anunció que estaba desarrollando una nueva versión de su Osborne I: las ventas del ordenador hasta entonces más solicitado se desplomaron, lo que llevó al fabricante a la bancarrota. Los ciclos de vida de los productos electrónicos de hoy en día, extremadamente cortos, colocan a muchos fabricantes en la misma situación en la que se encontró Osborne hace casi dos décadas. El hecho de anticipar que en cuestión de semanas o meses se lanzará al mercado un nuevo producto con mejores prestaciones y un precio más bajo hace que los consumidores gasten menos dinero en los productos que se encuentran a la venta. Afortunadamente para los fabricantees, cuando los consumidores son los encargados de pagar las tasas de recogida y reciclaje de un producto electrónico en el punto de venta, la introducción de los nuevos productos se ralentiza. «Si se añaden estos costes adicionales para los consumidores al principio del ciclo de vida del producto, se establece un nuevo equilibrio», afirma Plambeck. «Los fabricantees no tienen tanta prisa para introducir nuevos productos. Los consumidores se anticipan y utilizan los productos durante más tiempo, por lo que también están dispuestos a pagar más por ellos». El resultado es positivo para todos. «Como los fabricantees tienen más tiempo para desarrollar sus productos, pueden realizar más avances en las prestaciones y la calidad de los mismos, por lo que los nuevos productos que salen al mercado son sustancialmente mejores que sus predecesores», afirma Plambeck.

En muchos casos, las normativas también aumentan el margen de beneficios de los fabricantees. Los consumidores salen beneficiados porque adquieren productos más duraderos. Y es entonces cuando se reduce la cantidad de residuos electrónicos de forma significativa, ya que los consumidores se deshacen de sus productos con menor frecuencia. Algunas jurisdicciones (en especial en la UE) exigen a los fabricantes que se encarguen de la recogida y el reciclaje de los residuos electrónicos al final del ciclo de vida de un producto. Esto puede llevarse a cabo de dos formas: o bien se exige al fabricante que tome una responsabilidad individual sobre el tema, con cada empresa deshaciéndose de sus propios productos, o bien se permite a los fabricantes que se organicen en “cooperativas” para recoger y reciclar los residuos electrónicos compartiendo los costes de estas operaciones. Plambeck y Wang sacaron unas conclusiones interesantes de este estudio: en primer lugar, los fabricantes se benefician de las asociaciones y del tratamiento conjunto de residuos electrónicos, más que si se hicieran cargo de forma individual. «Esto elimina el coste de separar y seleccionar los residuos según el fabricante, y minimiza el grado de compromiso del gobierno, lo que suele mejorar la eficacia», afirma Plambeck. Este sistema organizativo funciona muy bien en cuanto a reducción de residuos electrónicos se refiere solamente en el caso de que los costes se impongan a cada fabricante en función de sus ventas. Por ejemplo, el número de teléfonos móviles que hoy vende un fabricante en concreto determinaría cuánto tiene que pagar por los costes de recogida de los residuos electrónicos de ayer. En EEUU, donde la oposición de la industria constituyó la principal barrera para la regulación federal de residuos electrónicos, el estudio supone una contribución fundamental que demuestra que ciertas normativas de control de los residuos electrónicos pueden resultar también beneficiosas para los fabricantes.

Fuente

Más información

About the author

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may also like

El menú tóxico del día, Europa descuida sus alimentos

Es sencillo. Basta con procurarse las ofertas de cualquier supermercado. Organizar un menú de tres platos no resulta nada caro. La comida está barata. ¿Condición imprescindible? No mirar ni su procedencia ni su composición. Ya tenemos un menú completo, a buen precio y tóxico.