Chicago se adapta al futuro

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La metrópolis del estado de Illinois acaba de hacer público su ambicioso plan medioambiental. Un programa que aúna la reducción de emisiones y la adaptación a los cambios climáticos.El plan de Chicago es una primicia en los Estados Unidos. El alcalde de Chicago, Richard Daley no es un hombre de promesas ambiguas. En 2003 prometió a los ciudadanos que transformaría el pequeño aeropuerto de Meigs Field en un parque urbano. El 30 de marzo de 2003 las excavadoras comenzaron a trabajar sin haber avisado a las compañías aéreas ni a las autoridades de la aviación. Cinco años después, los ciudadanos de Chicago se pasean por el parque. En esta ocasión, el alcalde de la ciudad no promete un espacio verde sino un programa sin igual para luchar contra el cambio climático. El 19 de septiembre pasado, Richard Maley presentó el resultado de investigaciones llevadas por su «Chicago Climate Task Force ». Este grupo de 26 personas ha establecido la estrategia climática de la tercera ciudad de los Estados Unidos. Se trata del plan más ambicioso del país. Chicago desea reducir un 80% sus emisiones de CO2 hasta 2050. Hasta 2020 se ha impuesto una reducción del 20%.

Jardines suspendidos

Para conseguir realizar estos deseos, la ciudad deberá construir 6000 jardines suspendidos financiados por la fundación Clinton, la mitad de los edificios terciarios deberán renovarse hasta 2020. Esta reforma de antiguas viviendas permitirá reducir un tercio del consumo de energía de 9200 edificios. Los particulares deberán realizar un esfuerzo de similar amplitud. Se concederán ayudas a las familias más desfavorecidas, un grupo fabricante de material eléctrico local les suministrará bombillas de bajo consumo en grandes cantidades. Quienes quieran construir deberán respetar las nuevas normas basadas en la eficiencia energética de los edificios. En Chicago no se penalizará a los conductores con ninguna tasa especial ni implantando ningún peaje. Se prefiere incitar a los ciudadanos a utilizar el transporte público ofreciéndoles calidad en el servicio y aumentando la oferta con 150 autobuses híbridos. Próximamente se ampliará la red de carriles para bicicletas y zonas peatonales.

La ciudad intensificará el programa de sensibilización ciudadana sobre la producción de desechos domésticos ya que, por mucho que los ciudadanos consuman biocombustibles, la basura doméstica emite casi un millón de toneladas de CO2 cada año. Generar menos desechos significa gastar menos en recogerlos y menos contaminación. Otro problema que acucia a la ciudad del lago Michigan es la lenta pero progresiva tropicalización de su clima. Se prevé un aumento de la frecuencia y la intensidad de las lluvias lo que incrementaría el peligro de inundaciones, para reducir este riesgo, se están construyendo embalses que retengan el agua en zonas potencialmente inundables.

Para refrescar el ambiente y enjugar el agua se están plantando centenares de árboles, los paseos de la ciudad se están pavimentando con adoquines permeables que facilitarán el drenaje del agua. La campaña municipal incita al ciudadano a realizar gestos o prácticas que beneficien el medioambiente de la ciudad como por ejemplo bajar los termostatos, reducir un minuto el tiempo de cada ducha, no dejar conectados los aparatos eléctricos durante la noche, reducir la distancia recorrida con el coche en 20Km semanales o reciclar las revistas. Todos estos nuevos hábitos permitirán un ahorro de 823 dólares anuales a cada ciudadano en su factura de electricidad y se dejarán de emitir 2,82 toneladas anuales de CO2.

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