Carne y queso, tan malos como el tabaco

Carne y queso, tan malos como el tabaco

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El consumo de carne y lácteos nunca ha estado tan debatido como en la actualidad. Ya sea por causas medioambientales o directamente relacionadas con la salud, cada vez más individuos se están cuestionando la inclusión de este tipo de productos en su dieta. La ganadería es una actividad poco sostenible, gran consumidora de agua y energía, cuyo impacto medioambiental resulta cada día más difícil de asumir por los recursos naturales del planeta. Además, cada vez más estudios relacionan el consumo de productos de origen animal con el alza de ciertas enfermedades. Ahora, investigadores de la Universidad del Sur de California han llevado a cabo un estudio de 20 años de duración que analizaba la influencia de una dieta alta en proteínas animales en las diferentes etapas de la vida de una persona. Según los científicos, el individuo que sigue una dieta alta en proteínas animales durante su etapa adulta tiene muchas más probabilidades de morir de forma prematura.

carne y queso tan perjudiciales como el tabaco Esas alitas de pollo que te estás comiendo podrían resultar tan dañinas como un cigarrillo. Un nuevo estudio en el que se analizaron los hábitos alimentarios de un gran número de adultos durante casi dos décadas revela que una persona que lleve una dieta rica en proteínas animales durante su etapa adulta es cuatro veces más proclive a morir de cáncer que otra persona que se haya alimentado mediante una dieta baja en este tipo de proteínas. Este porcentaje es equiparable a la mortandad relacionada con el hábito de fumar.

“Existe la creencia de que, como todos tenemos que alimentarnos, la nutrición es algo sencillo. Pero la cuestión no es si una dieta en concreto te permite funcionar durante los siguientes tres días, sino si te ayudará a vivir hasta que tengas 100 años”, afirma el coautor del estudio Valter Longo, catedrático de biogerontología en la facultad de Gerontología de la Universidad de California del Sur y director del Instituto de Longevidad de la misma institución.

El estudio, publicado el día 4 de marzo de 2014 en la revista especializada Cell Metabolism, no sólo revela que el consumo excesivo de proteínas está ligado con un gran aumento de la mortandad relacionada con el cáncer, sino también que las personas de mediana edad que ingieren muchas proteínas de origen animal (incluyendo carne, leche y queso) tienen mayor probabilidad de morir de forma prematura. Según el informe, los habituales de la dieta alta en proteínas tenían un 74% más de posibilidades de morir durante el periodo en el que se llevó a cabo el estudio que quienes siguieron una dieta baja en proteínas. Además, aquellos tenían mayor probabilidad de morir a causa de la diabetes.

Los investigadores descubrieron que las proteínas de origen vegetal, tales como las que se encuentran en las judías blancas, no parecían tener los mismos efectos sobre la mortandad que las proteínas de origen animal. Los índices de cáncer y mortandad tampoco parecían modificarse cuando se controlaba el consumo de carbohidratos o grasas, lo que sugiere que la proteína animal es el principal culpable.

Durante mucho tiempo, la cantidad de proteínas que se deben ingerir ha sido un tema controvertido, en especial últimamente debido a la popularidad de las dietas altas en proteínas tales como la Paleo o la Atkins. Antes de llevar a cabo el estudio, los investigadores no habían mostrado ninguna relación directa y definitiva entre el consumo elevado de proteínas y el índice de mortalidad.

En lugar de centrarse en el periodo adulto como en una fase monolítica de la vida, tal y como han hecho otros investigadores, el último estudio considera los cambios biológicos a medida que envejecemos y cómo las decisiones que tomamos en la edad adulta pueden determinar nuestra longevidad.

En otras palabras: lo que es bueno para unos periodos de la vida puede resultar dañino para los siguientes. Las proteínas controlan la hormona del crecimiento IGF-I, que permite que nuestros cuerpos crezcan pero que también ha sido relacionada con la probabilidad de padecer cáncer. Los niveles de IGF-I descienden de forma drástica tras la edad de 65 años, lo que conlleva una potencial fragilidad y pérdida de musculatura. El estudio demuestra que, mientras la ingesta de elevados niveles de proteínas durante la edad adulta es muy dañina, resulta beneficiosa en una edad más avanzada: los mayores de 65 años que se alimentaron mediante una dieta o bien moderada o bien alta en proteínas resultaron menos susceptibles de contraer enfermedades.

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“El estudio demuestra que una dieta baja en proteínas durante la edad adulta es útil para prevenir el cáncer y la mortandad en general, mediante un proceso que engloba la regulación de IGF-I y probablemente también los niveles de insulina”, afirma la coautora Eileen Crimmins. “Sin embargo, también proponemos que en edades más avanzadas se evite una dieta baja en proteínas para permitir el mantenimiento de un peso saludable y para protegerse contra la debilidad”.

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“Casi todo el mundo va a tener una célula cancerígena o pre-cancerígena en el cuerpo en algún momento. La pregunta es: ¿esa célula acabará progresando?”, afirma Longo. “Resulta que uno de los mayores factores que determinan si lo hace o no es la ingesta de proteínas”.

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