Cambio climático: ¿por qué no estamos reaccionando?

Cambio climático: ¿por qué no estamos reaccionando?

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Los climatólogos se preguntan por qué la gente no hace más para evitar el cambio climático. Los sociólogos han encontrado algunas de las respuestas.

El año 2005 supuso un punto de inflexión en cuanto al cambio climático y la información que los ciudadanos recibimos sobre el mismo: tras décadas de observación, especulación y análisis, los climatólogos del mundo entero llegaron a un consenso, y el mundo entero comenzó a aceptar la realidad. Según informaba el diario USA Today, el clima estaba cambiando. Según los expertos, había que pasar a la acción. La humanidad debía tomar medidas drásticas y urgentes para disminuir su dependencia de los combustibles fósiles como mínimo en un 25%. El climatólogo de la NASA James Hansen afirmaba por entonces de que contábamos con una década para llevar a cabo todas las modificaciones necesarias para evitar los grandes desastres que se preveían en el mundo entero a causa del cambio climático. Desde entonces, ha habido algún cambio: las ventas de los vehículos híbridos se han disparado y muchos de nosotros hemos cambiado las bombillas de nuestras casas por otras más eficientes en cuanto al ahorro energético. Las librerías están llenas de libros que ofrecen consejos sobre cómo salvar la tierra y cada día nos encontramos con más anuncios de todo tipo de productos ecológicos, desde las casas pasivas hasta las peluquerías verdes.

Sin embargo, estos pequeños actos no se corresponden con el llamamiento que hicieron los científicos hace unos años para que se tomaran medidas serias, lo que nos hace plantearnos la siguiente pregunta: ¿por qué no hay más personas que respondan de forma seria a la amenaza más seria de la historia de la humanidad en el planeta? “Muchos climatólogos están desconcertados ante esta falta de respuesta”, afirma Elke Weber, psicóloga en la Universidad de Columbia y directora del grupo de trabajo “Actitudes Sociales/Asuntos Éticos” del Encuentro Mundial sobre el Cambio Climático. Pero un número cada vez mayor de sociólogos están encontrando explicaciones al dilema: entre otros factores, apuntan a que las personas estamos condicionadas social y psicológicamente para responder a problemas presentes y tangibles, por lo que raramente podremos hacernos cargo de una amenaza abstracta y supuestamente remota, como es el cambio climático. Según los expertos en la materia, el ser humano cuenta con dos formas distintas de valorar un peligro. La primera, la utilizada por los climatólogos, se lleva a cabo mediante nuestra capacidad analítica, gracias a la que examinamos la evidencia científica y tomamos decisiones lógicas para reaccionar ante el peligro. Pero la mayoría de nosotros no nos basamos en nuestra capacidad analítica para tomar una decisión, sino en nuestras emociones. “Para muchos de nosotros, el peligro no es una estadística.

El peligro es un sentimiento”, afirma Weber. Algunas veces esos sentimientos pueden ser equívocos, dependiendo del tipo de peligro al que nos estemos enfrentando. “Si estoy asustada”, dice Weber “toda información estadística carece de importancia”. Asimismo, según indican décadas de investigación sobre el comportamiento, la mayor parte de la población tiene que experimentar un peligro antes de que plantear una solución. Esto, según Weber, representa un importante reto en el caso del calentamiento global, ya que nuestras emociones se basan en nuestras experiencias, tanto personales como evolutivas. Pero en toda la historia del ser humano no ha habido una experiencia anterior que nos indique que cuando se queman demasiados combustibles fósiles se acaban produciendo cambios catastróficos en la Tierra. Un segundo factor por el que no estamos reaccionando ante el cambio climático es que éste no representa un peligro claro y presente, sino algo que podría tener consecuencias dramáticas dentro de unas décadas. Por último, nuestra visión del mundo representa un papel fundamental en nuestra forma de percibir y reaccionar ante un peligro. Un grupo de investigadores de la universidad de Yale ha descubierto, por ejemplo, que los “igualitaristas”, aquellas personas que prefieren una sociedad en la que la riqueza, el poder y las oportunidades estén bien distribuidas, muestran más preocupación por el medioambiente, mientras que los “jerarquistas”, que prefieren una sociedad que disponga de líderes en el poder y seguidores bajo ellos, suelen mostrar menos preocupación.

Los investigadores descubrieron también que cuando las soluciones propuestas para luchar contra el cambio climático chocaban con la visión del mundo de las personas, estas solían negar la evidencia del problema. “Las personas le dan la vuelta a la información para mantener intacta su visión del mundo”, afirma Paul Slovic, fundador y presidente de Decision Research, organización sin ánimo de lucro dedicada al estudio de la toma de decisiones y el análisis de riesgos del ser humano.

¿Y qué recomiendan estos investigadores para lograr una respuesta adecuada ante el cambio climático? En primer lugar, los mensajes tienen que alcanzar las emociones y disparar el miedo sobre las dramáticas consecuencias que están por venir. Esto implica, según Slovic, lograr imágenes vívidas, personalizadas y creíbles, de las dificultades futuras. Por ejemplo, recomienda el siguiente enfoque: “¿Cómo se verán afectadas la economía y la calidad de vida en una región concreta? ¿Morirán los bosques? ¿Serán los veranos tan secos y calurosos que la tierra será un lugar inhabitable? Pero cuando se intenta provocar miedo, se debe actuar de forma juiciosa: “Si se asusta a las personas y no se les indica cómo evitar el desastre, se les paraliza”, afirma Weber, que apunta una segunda recomendación: “Hay que ofrecer además una lista de acciones que las personas puedan llevar a cabo”. Por último, para llevar a cabo un cambio de estilo de vida se necesita hacer un gran esfuerzo. “No quiero tener que tomar un montón de decisiones pequeñas”, afirma Baruch Fischoff, de la Carnegie Mellon University y antiguo presidente de la Society for Risk Analysis. “Me gustaría ver que se buscan soluciones alternativas para que yo pueda escoger un estilo de vida realmente sostenible”. Este es el trabajo que climatólogos y sociólogos tienen que llevar a cabo, según Fischoff.
Extracto del original

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