Cambiar el mundo creando

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“Los jóvenes son creativos. Ellos van a crear de todas formas, así que, si no se les guía correctamente, lo que crearán son problemas. Sin embargo, con una buena ayuda y con algo importante que hacer, los jóvenes son capaces de hacer cosas increíbles”. Esta es la filosofía de Helen Samuels, fundadora de la organización Mexcalibur, que incita a los jóvenes mexicanos de los distritos más pobres a trabajar para la comunidad. Esta norteamericana de nacimiento, que ha vivido en México casi toda su vida y trabaja desde hace años con los niños de lo que ello llama “el cuarto mundo”, cree firmemente que la juventud es capaz de cambiar el mundo.

Uno de los grupos con los que su organización trabaja es Tierra Viva, una banda de punks de Ciudad de México que, mediante una serie de talleres de permacultura, han aprendido a realizar un servicio a los demás que, a la vez, es respetuoso con la naturaleza. Entre sus creaciones se encuentra un huerto que cultivan con métodos de permacultura en un solar abandonado. “Cuando nos pusimos a cavar para hacer el huerto nos encontramos que estaba todo lleno de basura. Así que tuvimos que crear un nuevo sustrato a base de compost”. El compost lo consiguen mediante un lombricero al que alimentan con los restos de comida de sus hogares y del mercado. El agua de lluvia que recogen les sirve para regar sus hortalizas.

Otra de las actividades que realiza Tierra Viva es enseñar a los habitantes de los barrios más pobres los perjuicios de respirar el polvo de hormigón de que están hechas sus viviendas. Una de las formas sencillas, baratas y próximas a la tierra de solucionar este problema para la salud, en especial de los más pequeños, es lo que Tierra Viva muestra a los habitantes de estos barrios: cómo recubrir las paredes de cemento con una mezcla natural hecha de barro, cactus y heno que amortigüe los efectos dañinos del hormigón a la vez que sirve de aislamiento para la vivienda.

Tierra Viva no solamente quiere cambiar su medioambiente: quieren contagiar su espíritu de rebeldía porque son conscientes de que, “entre todos, podemos salir de la miseria. “Estos chicos no tienen nada: han nacido en un estado de decadencia postindustrial y su única herencia es la basura”, explica Helen Samuels. “Además, muy poca gente sabe de su existencia, ya que viven en una burbuja. Y, al igual que la mayoría de los jóvenes del mundo, han heredado un sistema económico disfuncional. Por eso es una gran alegría ver cómo están luchando para construir su propio sistema, su propio futuro”.

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