Biodiversidad en la ciudad: la agricultura urbana en Bélgica

Biodiversidad en la ciudad: la agricultura urbana en Bélgica

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La agricultura urbana triunfa en Bélgica
Con un espacio urbano cada vez más exiguo, en Bélgica se multiplican los pequeños huertos colectivos o individuales y algunas granjas urbanas.

Impulsadas por asociaciones y un número creciente de ciudadanos, las prácticas agrícolas urbanas recuperan su antiguo apogeo. A través de la agenda 21 local, el número de ciudadanos que reclaman más espacios verdes para sus barrios aumenta sin cesar. Generalmente se trata de actividades de cultivo de hortalizas y, en algunos casos, de cría de animales. Algunas acciones integran actividades de sensibilización sobre la ecología e iniciación a métodos naturales de jardinería.

La agricultura urbana es una actividad muy desarrollada en Inglaterra o los Países Bajos. A pesar de sus múltiples e innegables beneficios, aún no se ha desarrollado lo suficiente en el resto de los países de la Unión Europea.

Los beneficios que aporta esta sana práctica van desde la posibilidad de acortar los circuitos de distribución de alimentos hasta una disminución de las emisiones de CO2 y del consumo energético. Además, una agricultura urbana desarrollada contribuye al aumento y conservación de la biodiversidad en la ciudad.

La gestión de los espacios verdes urbanos, indispensables para la conservación de la biodiversidad, casi siempre corresponde a los poderes públicos que, en algunas ocasiones, cuentan con el apoyo de diversas asociaciones. Mediante los huertos urbanos colectivos, los ciudadanos colaboran en la gestión de suelo y recobran la cultura y las artes que la población urbana confió durante el siglo XX al sector agrícola.

En el caso belga, la agricultura urbana se fomenta en las principales regiones y ciudades del país gracias al trabajo de asociaciones ecologistas como la flamenca «VELT -Vereniging voor Ecologisch Leven en Tuinieren», que reúne a 15.000 miembros y cuyo objetivo es la sensibilización de los ciudadanos hacia prácticas agrícolas ecológicas mediante cursos de formación, conferencias y publicaciones por todo el país. Otra organización relevante en el panorama belga es la «Jardins de Pomone», que trata de fomentar y aprovechar el cultivo de variedades de hortalizas olvidadas mediante la producción y venta de sus semillas. Según esta organización, existen 80.000 especies de legumbres, cantidad que permitiría consumir un tipo de legumbre diferente cada día durante 220 años.

En la región Valona, el colectivo IPE reúne a arquitectos y urbanistas que tratan de proteger las tierras de cultivo de la presión urbanística. Su objetivo es «salvar» 300 parcelas dedicadas al cultivo que existen desde hace 50 años extendidas sobre 3 kilómetros en el centro de Lieja.

Según IPE, es necesario un desarrollo integrado del espacio en lugar de dedicarlo exclusivamente a la vivienda. Este tipo de iniciativas raramente se realizan con el objetivo de obtener rentabilidad económica o de desarrollar una actividad de producción en el medio urbano. Sin embargo, la ONG Eco-Innovation, con sede en la región de Bruselas, pretende llevar a cabo el desarrollo de una actividad primaria de producción en el medio urbano a través de la creación de una plataforma de servicios integrados de mantenimiento y de construcción de espacios dedicados a la agricultura urbana sostenible.

La organización ya ha comenzado a cultivar una hectárea de terreno con frutas y verduras en un barrio de la capital belga, cuya producción se destinará al abastecimiento de cooperativas de consumo, pequeños comercios locales y comedores públicos.

Los principales obstáculos con los que se encuentra este tipo de iniciativas de agricultura urbana, además de la financiación y la voluntad de los poderes públicos, son la disponibilidad de terrenos, la seguridad de los mismos, el riego, la calidad del suelo, la resolución de conflictos vecinales debidos al uso de los terrenos, la comercialización o la salida de los productos y la consolidación de los proyectos.

La agricultura urbana, para afianzarse como una actividad moderna y de futuro, deberá lograr por una parte el necesario reconocimiento por parte de los poderes públicos de las iniciativas existentes y un mejor aprovechamiento de las tierras que permita una verdadera estructuración de la actividad ; por otra parte, deberá lograr la formación y la información de los futuros agricultores urbanos para conseguir que la actividad se convierta en un vector real de sensibilización hacia una agricultura más sostenible.

Aunque es complicado censar el número y el tipo de los proyectos ya en marcha, en todos ellos destaca los objetivos comunes de acercar la naturaleza a las ciudades y de fomentar del uso multifuncional e integrado de los espacios públicos urbanos.

Fuente

Velt

EcoInnovation

Agenda 21

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