Bajo el alquitrán está la playa

Bajo el alquitrán está la playa

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En la ciudad de Sète, en el sur de Francia, se va a llevar a cabo una obra desgraciadamente poco habitual. Las autoridades de la ciudad francesa han decidido desplazar el trazado de una carretera 12 kilómetros para salvar un entorno natural que comprende la playa. Es esta una obra pionera en Europa.

El Lido es uno de los lugares más frecuentados de Sète. Largas filas de caravanas de camping venidas de toda Europa bordean la zona costera. Una lengua de 12 kilómetros de longitud de arena blanca separa el lago Thau del mar. El enclave constituye una extraña proeza de la conservación de la naturaleza en el hiperurbanizado mediterráneo. A partir de ahora, gracias a las obras de acondicionamiento mediante las que se ha desplazado el antiguo trazado de la carretera, el fin de la zona a que pueden acceder las caravanas da paso a un área reservada para los paseantes y las bicicletas.

Esta obra sin precedentes se abordó como medida de urgencia para salvar el Lido de Sète, cuyo trazado sufría cada invierno los golpes de las tempestades y cuya existencia se veía seriamente amenazada. La masiva afluencia de visitantes en la zona y el tráfico de vehículos se unían al problema que representan la cercanía del río Ródano y sus presas de hormigón, que reducen la necesaria aportación de sedimentos a la zona y contra las que chocan las olas, volviendo a la mar con mayor fuerza y llevándose con ellas la arena del Lido. El problema se ha resuelto de la forma menos agresiva posible: desplazando la carretera y restaurando las dunas y las barreras de castaños para protegerlas. Además, se han plantado carrizos, cuyas raíces tienden a buscar el agua en las profundidades de la arena, logrando compactar el conjunto y dificultando la erosión del paisaje. “Decidimos separar la carretera para que la naturaleza recuperara sus derechos a lo largo de estos 12 kilómetros”, explica Dominique Salasse, director del servicio de espacios naturales de la provincia. Gracias a esta remodelación, la playa se ha ampliado y actualmente cuenta con 70 metros de ancho, ideal para pasear o circular en bicicleta por la vía verde, habilitada sobre el antiguo trazado de la carretera.

Este nuevo diseño, además, mantiene alejadas a las caravanas, que ya no pueden aparcar en la zona. Las ventajas son obvias: menos atascos, menos humos de los tubos de escape de los vehículos y el fomento de un turismo diferente, que aprecia el valor de la naturaleza y utiliza la bicicleta como medio de transporte. Tal y como explica Pierre Bouldoire, presidente de la municipalidad, “Es verdad que no se podrá aparcar en la playa, pero no tendremos un horizonte ocupado por camionetas ni el olor a humo de sus tubos de escape”. Esa obra, por otra parte, permitirá recoger datos científicos que serán de aplicación en otras playas europeas, un 20% de las cuales están sometidas a una importante erosión. El proyecto tiene prevista la instalación de cámaras digitales que captarán en tiempo real la evolución del tramo costero. “Hemos admitido que el mar es un espacio lindero y en movimiento que depende de un equilibrio que debemos conservar. Se acabó la lucha contra el mar”, explica Dominique Salasse. Esa obra, única en Europa, recibe visitas de organizaciones locales de todo el continente.

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