Arsénico en el pollo estadounidense

Arsénico en el pollo estadounidense

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pollo de supermercadoFotografía de Pep Cortés

Son muchas las prácticas de la ganadería industrial que sobrepasan el límite de lo razonable. La utilización masiva de antibióticos para acelerar el crecimiento de los animales, la terrible contaminación de los lugares donde están situadas las granjas industriales, por no hablar del maltrato que sufren los animales a manos del sector. Este verano, en EEUU, la opinión pública conocía una práctica utilizada desde hace décadas que es toda una aberración: la utilización de arsénico como complemento nutricional en los piensos para pollos.

pollo de supermercado
Fotografía de Pep Cortés
Después de haberlo negado durante años, la administración estadounidense para la seguridad alimentaria, la FDA, admitía este verano que la carne de pollo que se vende en EEUU puede contener arsénico. Lo hacía tras publicarse el estudio realizado por el Centro John Hopkins for a Livable Future, que analizó muestras procedentes de pechugas de pollo comercializadas en los supermercados de diez ciudades en todo EEUU y que concluyó que los pollos que han sido criados con ayuda de medicamentos con arsénico producen carne que también contiene esta sustancia química tóxica. El arsénico es un reconocido agente cancerígeno que también ha sido vinculado a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, déficits cognitivos y alteraciones del embarazo.

El arsénico que se encuentra en la carne de pollo proviene de un medicamento, el Roxarsone, de la empresa Pfizer, que se administra a los animales criados en granjas industriales para acelerar su crecimiento, ayudar a controlar los parásitos intestinales y dotar a la carne de un color más rojizo. El arsénico empezó a utilizarse en los años 40 y, desde entonces, la práctica es habitual en EEUU, donde en el año 2010 el 88% de los pollos criados para consumo humano se trataban con Roxarsone. En el país norteamericano, el consumo de carne de pollo se ha triplicado desde los años 60.

Hasta ahora, la agencia estadounidense de la alimentación había afirmado que el arsénico no pasaba a la carne y, por lo tanto, no era consumido por los humanos. Sin embargo, el nuevo estudio demuestra que el arsénico sí se encuentra en la carne de consumo. La FDA pide que no cunda el pánico y no se deje de comer pollo, ya que las dosis que se ingieren son muy pequeñas y no resultan dañinas para las personas. Por su parte, en cuanto se publicó la noticia, los laboratorios Pfizer se apresuraron a asegurar que retirarían su producto Roxarsone del mercado estadounidense, pero que continuarían vendiéndolo en la docena de países donde en la actualidad se utiliza como complemento nutricional para los piensos. Según informa el instituto Evisa (European Virtual Institute for Speciation Analysis) el Roxarsone se vende en Canadá, México, Malasia, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Chile, Argentina, Perú, Venezuela, Brasil, Australia, Pakistán y Jordania. La Unión Europea, tras conocer los resultados de diversos informes científicos que indicaban la presencia de arsénico orgánico en la carne, prohibió el uso del medicamento en 1999.

Pero no parece que la retirada voluntaria del medicamento por parte de su fabricante sea suficiente para solucionar el problema: en EEUU, tal y como anunciaba Michael Hansen, de la Unión de Consumidores Estadounidenses, “hay otros medicamentos de uso veterinario que contienen arsénico, que se encuentran en el mercado y que también deberían retirarse o prohibirse, tal y como se han prohibido en la UE”.

Según informa la industria ganadera, el arsénico se utiliza en forma orgánica, lo que lo hace menos tóxico. El problema es que esta sustancia se transforma en inorgánica de forma rápida: “el arsénico que se encuentra en los excrementos de los pollos se convierte rápidamente en la forma inorgánica, muy disoluble en agua y capaz de filtrarse a las aguas superficiales y subterráneas”, informan Keeve E. Nachman y Robert S. Lawrence, del Centro John Hopkins for a Livable Future.

El arsénico inorgánico es una sustancia muy venenosa. Resulta pavoroso conocer que el arsénico orgánico se convierte en inorgánico en las heces de los pollos, teniendo en cuenta las enormes cantidades de excrementos que se generan en las granjas industriales. El Roxarsone lleva años preocupando a los grupos ecologistas, que denuncian no solamente la presencia de arsénico en la carne para consumo humano, sino también la contaminación proveniente de las granjas industriales, especialmente en las zonas donde hay una elevada concentración de cría de aves.

Ahora, la FDA reconoce que el arsénico se encuentra en la carne de pollo, pero afirma que los niveles son bajos y que no representan un peligro para los consumidores de pollo tratado con Roxarsone. Los investigadores que llevaron a cabo el estudio, sin embargo, aplicaron un modelo de riesgo de cáncer desarrollado por la agencia de protección del medioambiente en EEUU, la EPA, y llegaron a la conclusión de que la utilización generalizada por parte de la industria de medicamentos con contenido en arsénico podría provocar una media de 124 casos de cáncer al año.

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