Aprendiendo de la catástrofe

Aprendiendo de la catástrofe

- in Ecoturismo
1841
0
La resiliencia de las sociedades debe aumentar para enfrentar el futuro

Lamentablemente, el ser humano sólo suele plantearse cuestiones trascendentales cuando ve el peligro cercano. Una sociedad como la japonesa, que desde fuera siempre hemos visto como un claro ejemplo del éxito de la modernidad y la funcionalidad, se mostró a sí misma ineficaz y poco inteligente cuando los efectos de la catástrofe ocurrida en marzo del año pasado paralizaron el país. Esta catástrofe puso en evidencia que los modelos económicos que buscan exclusivamente la rentabilidad son muy ineficaces a la hora de responder ante imprevistos. Junko Edahiro, directora ejecutiva de la organización Japan for Sustainability, señala la resiliencia como el valor fundamental para alcanzar la sostenibilidad de las sociedades en el futuro.

«El Gran Terremoto del Este del Japón, que tuvo lugar el 11 de marzo de 2011, nos ha enseñado muchas lecciones. Más que intentar restaurar el país y dejarlo como estaba antes del terremoto, necesitamos abordar los muchos problemas sociales y económicos que nos fueron revelados por él para intentar crear una sociedad real y sostenible. Creo que esto ayudará a reconfortar las almas de las víctimas. El desastre que tuvo lugar el 11 de marzo de 2011 también ha revelado la importancia del término “resiliencia”, un concepto que hace años me di cuenta de que iría adquiriendo mayor importancia. Los diccionarios definen la resiliencia como una “fuerza para restaurar”, “elasticidad”, etc. Pero yo pienso que significa “fuerza flexible”, lo que implica la fuerza para volver a la posición inicial después de que haya ocurrido un imprevisto».Imagina un bosque de bambús mecidos por el viento. Los bambús se doblan de forma flexible cuando sopla el viento, y después vuelven a su posición inicial cuando este se detiene. El bambú no se rompe ni con los vientos más fuertes. Este es un ejemplo típico de fuerza flexible.

Tras el terremoto, los habitantes de Tohoku, la región más dañada por el desastre, han sido descritos como personas duras. Cuando yo misma visité las áreas damnificadas en Ishinomaki y Kesen-numa en Tohoku y hablé con estos habitantes, me di cuenta de que su dureza no reside en su fuerza individual, sino que ha nacido de una combinación del fuerte viento de su destino y la naturaleza de su sociedad local, muy enraizada, en la que la gente se encuentra fuertemente vinculada mediante su estilo de vida, algo que a su vez apoya la historia, la tradición y la cultura.

Al mismo tiempo, el terremoto dejó claro que la industria y la sociedad japonesas en general han perdido su resiliencia. Por ejemplo, la logística de transporte quedó completamente inutilizada tras el terremoto.

En estas circunstancias, probablemente era inevitable que diversos servicios de distribución dejaran de funcionar de forma temporal, pero lo que ocurrió fue que quedaron paralizados durante un espacio de tiempo muy largo. Algo similar ocurrió en el sector de la producción: muchas empresas japonesas se vieron obligadas a detener las líneas de producción debido a la falta de suministro de piezas que se producían en las zonas damnificadas. Las líneas de producción se detuvieron no solamente en las plantas de Japón, sino también en otros países.

¿Por qué se dio semejante situación? ¿Y por qué los sistemas logísticos y de producción no fueron capaces de volver a su situación inicial de forma suave y flexible después de una calamidad imprevista? Uno de los motivos principales puede ser que las empresas utilizan el método “just in time”, que reduce el inventario en todo lo posible tanto en los procesos logísticos como de producción.

En sistemas anteriores, las empresas almacenaban varios productos en diversos lugares. Este tipo de sistema, sin embargo, fue calificado de ineficaz y, para disminuir los costes y aumentar la eficacia, las empresas cambiaron su sistema a uno en el que no necesitarían almacenar grandes inventarios. Este nuevo sistema, sin embargo, obliga a las empresas a detener la producción de forma inmediata una vez los suministros de piezas quedan suspendidos, tal y como quedó sobradamente demostrado en el caso del Gran Terremoto del Este de Japón. Al mismo tiempo, muchas empresas redujeron el número de proveedores de sus piezas a solamente uno para poder reducir el coste de las mismas. Debido a que las empresas dependían completamente de un proveedor, se vieron forzadas a detener la producción durante el estado de emergencia.

El sistema “just in time” y la reducción del número de proveedores son los métodos más eficaces siempre y cuando no ocurra un imprevisto. Con estos métodos, sin embargo, se ha descubierto que las empresas no pueden volver de forma flexible a su estado original. Han estado tan excesivamente centradas en la eficacia económica a largo plazo que han perdido su resiliencia a medio y largo plazo, algo que raramente se considera importante mientras el negocio siga funcionando con normalidad.

Después del desastre del 11 de marzo, la industria japonesa, que había buscado solamente la eficacia económica a corto plazo y la disminución de los costes, se dio cuenta de la importancia de la resiliencia en caso de emergencia.

Desde entonces, la venta al por menor han empezado a mantener unas provisiones en sus puntos de distribución, las empresas que dependían de los camiones para el transporte han empezado a utilizar los ferrocarriles y los fabricantes han empezado a descentralizar sus plantas de producción. Creo que, quizás, al estilo de vida de muchos ciudadanos japoneses también le falta resiliencia.

El Gran Terremoto del Este de Japón provocó cortes de electricidad en Tokyo. Quienes vivían solos en la ciudad me contaban la soledad que sintieron cuando se dieron cuenta de la fragilidad de su forma de vida. Una persona me dijo: “Estoy muy ocupado con mi trabajo y siempre vuelvo a mi apartamento tarde por la noche, así que apenas hablo con nadie en mi vecindario. No conozco a mis vecinos y ellos ni me conocen ni saben nada de mi vida. Tal y como están las cosas, si ocurriera un desastre, nadie pensaría en mi, a nadie se le ocurriría pedir una operación de rescate para mí. Si tenemos en cuenta solamente mi eficiencia en el trabajo, no tengo necesidad de comunicarme con mi vecindario; pero este desastre me ha hecho reconsiderar si esta es una buena vida”.

También he sabido de mucha gente en distintos lugares que, habiéndose visto atraídos por los beneficios de un sistema doméstico completamente eléctrico, incluido el bajo coste de utilizar la electricidad de tarifa nocturna, adoptaron este sistema y luego se encontraron perdidos durante el apagón, cuando se detuvo todo suministro de electricidad. Debido a que los hogares completamente dependientes de la electricidad utilizan esta energía en lugar de gas para cocinar y para calentarse, los residentes no pudieron ni hervir agua ni calentar o enfriar sus habitaciones una vez se detuvo el suministro.

Otra persona me contaba su dura experiencia: ella siempre había llevado una “vida sencilla” en la que no guardaba ningún producto innecesario en su casa. Compraba todo en los comercios de proximidad a medida que lo iba necesitando. Según me contaba, “después del 11 de marzo, todo desapareció de las baldas de comercios y supermercados, no sabía qué hacer. Antes creía que era mejor no tener una despensa, pero me di cuenta de que, como medida de precaución, es mejor mantener al menos comida y bienes básicos para una semana”.

Estas lecciones no solamente son aplicables en caso de un gran desastre. Se cree que en el futuro tendremos una “sociedad menguante” en la que el calentamiento global, el abastecimiento energético y otros problemas de parecida índole empeorarán a medida que aumenta la población y la competencia en el mundo entero.

En Japón, sin embargo, la población doméstica y los mercados menguarán a medida que la población envejezca. Necesitamos pensar cómo cada uno de nosotros puede vivir de forma más resiliente y fuerte incluso en tales circunstancias, y cómo podemos crear unas comunidades y sociedades más fuertes y resilientes. Tenemos que dar valor no solamente a la eficacia económica a corto plazo, sino también a la resiliencia a medio y largo plazo, así como desarrollar la fuerza para recuperarnos de las situaciones difíciles incluso si, a corto plazo, esto parece aumentar el coste o reducir la eficacia. Tenemos que incorporar la resiliencia a la gestión empresarial y a la construcción de comunidades. Creo que, a menos que así sea, no seremos capaces de crear una sociedad realmente sostenible y feliz«.

Junko Edahiro es co fundadora y directora ejecutiva de «Japan for Sustainability», traductora e intérprete profesional y periodista medioambiental.

Fuente

Más información sobre los impactos del terremoto.

About the author

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may also like

El menú tóxico del día, Europa descuida sus alimentos

Es sencillo. Basta con procurarse las ofertas de cualquier supermercado. Organizar un menú de tres platos no resulta nada caro. La comida está barata. ¿Condición imprescindible? No mirar ni su procedencia ni su composición. Ya tenemos un menú completo, a buen precio y tóxico.