Al cole en bicibús

Al cole en bicibús

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Holanda es el país de la bicicleta por excelencia. La calidad de sus infraestructuras, su orografía y un importante aumento del uso de la bicicleta como medio de transporte cotidiano han hecho del pequeño país un ejemplo de cómo minimizar el impacto del tráfico rodado sobre el medio ambiente al tiempo que se logra un ahorro económico. De Holanda tenía que provenir el concepto del bicibús, o BSO, un medio de transporte escolar propulsado por los músculos de los niños y del conductor adulto que lo ocupan. Los niños son nuestro futuro. Ellos son quienes van a vivir en el mundo que les leguemos y quienes estarán encargados de cuidar de él y de transmitirles a sus hijos lo que hayan aprendido de nosotros. En un mundo en el que el respeto al medio ambiente cobra cada vez mayor importancia como valor fundamental para el desarrollo una vida plena, el adulto es el responsable de buscar alternativas para que tanto él como sus hijos puedan llevar una forma de vida más sostenible en el día a día.

El transporte, una de las actividades con mayor impacto medioambiental, es un hábito cotidiano que podemos cambiar para mejorar la salud del planeta y la de nuestros hijos: hay que tener en cuenta que nuestra forma de vida sedentaria está provocando graves problemas de salud a los más pequeños, entre otros motivos debido a la falta de ejercicio físico. La obesidad infantil ha pasado en los últimos años a ser una enorme preocupación sanitaria en las sociedades en las que la utilización del automóvil constituye el medio de transporte habitual. Si, además, tomamos en consideración el imparable aumento del precio del petróleo, un combustible que resulta cada vez más difícil y más caro extraer, nos daremos cuenta de que el BSO o bicibús, creación de la empresa holandesa Tolkamp Metaalspecials, tiene mucho sentido. El BSO es un medio de transporte escolar propulsado íntegramente por la fuerza de los músculos de sus ocho pequeños pasajeros (el bicibús está diseñado para niños de edades comprendidas entre los 4 y los 12 años) y de su conductor adulto, pero que cuenta con un motor auxiliar previsto para que las cuestas no se hagan demasiado duras. Además, el BSO cuenta con un toldo para proteger su preciada mercancía en los días de lluvia. Su coste es de unos 15.000 dólares, que viene a ser el doble de lo que un autobús de transporte escolar normal gasta en gasolina durante un año. La empresa ya ha vendido algunas unidades de este moderno medio de transporte a Bélgica y Alemania. Sin embargo, a pesar del impacto mediático que el BSO ha tenido en el mundo entero, la empresa no está convencida de que sea un modelo fácilmente exportable. La falta de infraestructuras y de una cultura de respeto al ciclista hacen que el BSO no sea una alternativa real en algunas ciudades, al menos por el momento.

Es cierto que en Holanda existe una importante cultura de respeto al ciclista (en el país bajo, el 40% de todos los traslados diarios se realizan en bicicleta), pero también lo es que las condiciones climatológicas son menos idóneas que las de otros países situados más al sur, entre ellos España. Todas las dificultades pueden salvarse siempre y cuando exista un interés real y la salud de nuestros niños, un menor impacto medioambiental y un importante ahorro económico bien deberían suscitar este interés. Los ciudadanos deberíamos tener el derecho de trasladarnos de una forma más saludable y más respetuosa con el medio ambiente. Es tarea de cada uno luchar para hacer valer estos derechos y poder así transmitir a los niños nuestros valores.

Sobre el BSO

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