Agricultura sostenible para un futuro de bajo impacto

Agricultura sostenible para un futuro de bajo impacto

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El Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) publicó en diciembre de 2011 un informe elaborado por la Comisión de Agricultura Sostenible y Cambio Climático titulado «La seguridad alimentaria en el contexto de cambio climático. ¿Cómo conseguirla?» El informe proponía una serie de recomendaciones políticas dirigidas a responsables políticos de todo el mundo. Entre estas recomendaciones, los expertos aconsejaban la integración de la agricultura sostenible en las políticas nacionales e internacionales, así como revisar el actual modelo de consumo, producción y conservación de alimentos. A pesar de que en el mundo se producen suficientes alimentos para todos, hay en la tierra mil millones de personas que pasan hambre mientras que otros mil millones consumen en exceso, aumentando de esta forma los riesgos de padecer enfermedades crónicas.El sistema alimentario está sometido a una presión adicional debido al crecimiento de la población mundial, que alcanzará en 2050 los 9.000 millones de seres humanos, y al cambio de los hábitos alimentarios, dirigido hacia una alimentación rica en calorías, grasas y productos de origen animal. Por todo el mundo, la inseguridad alimentaria amenaza a comunidades enteras en las que la pobreza impide a las personas acceder a los alimentos más básicos. A parte de este sufrimiento humano, la inseguridad alimentaria contribuye también al agotamiento y degradación de los recursos naturales, al éxodo rural y a las migraciones generando inestabilidad política y económica.

El despilfarro de alimentos ha adquirido unas dimensiones tales que debe considerarse un problema de alcance mundial que afecta a todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, desde el campo hasta la mesa de los consumidores. Según muestran un informe del Parlamento Europeo, desde 1974 hasta hoy se calcula que el despilfarro de alimentos en el mundo ha aumentado en un 50%.. Este despilfarro se produce en las tierras agrícolas, en las industrias de transformación, en las empresas de distribución y en las casas de los consumidores; se despilfarra en los países industrializados y en los países en desarrollo. El despilfarro de alimentos genera un sector paralelo al productivo y da lugar a una larga serie de externalidades negativas.

La ineficiencia del sector agroalimentario afecta al medioambiente, reduce la productividad y derrocha los alimentos. Los actuales métodos agrícolas, especialmente la deforestación y el uso ineficaz de abonos y residuos orgánicos hacen que la agricultura pase a ser una de las grandes fuentes emisoras de gas de efecto invernadero. Cada año, la degradación de tierras de cultivo supone unas pérdidas estimadas en 12 millones de hectáreas. Estas tierras pedidas podrían producir 20 millones de toneladas de cereales. Se estima que un tercio de los alimentos destinados al consumo humano se pierde o derrocha en todo el sistema alimentario mundial. La seguridad alimentaria en un contexto de cambio climático Debido al gas de efecto invernadero que ya está presente en la atmósfera, hemos sufrido alteraciones climáticas y las seguiremos sufriendo. Estos cambios en forma de sequías, canículas o inundaciones conllevarán graves consecuencias económicas, sociales y ecológicas. En aquellas zonas que ya padecen inseguridad alimentaria, estos eventos climáticos extremos supondrán efectos desproporcionados. Para evitar o luchar contra el efecto del cambio climático sobre los recursos alimentarios, se debe aumentar de forma urgente la capacidad de adaptación de la agricultura tanto a las tendencias climáticas a largo plazo como a una variabilidad cada vez más acentuada. Para ello, los sistemas alimentarios deben evolucionar de forma que respondan adecuadamente a las necesidades humanas y equilibrarse con los recursos naturales del planeta. Se deberán transformar los actuales modelos de producción, de distribución y de consumo alimentario. Las inversiones deberán dirigirse a la restauración de ecosistemas degradados, a la implantación de métodos agrícolas sostenibles, a lograr una logística que produzca la mínima cantidad de residuos y lograr cambios en los hábitos alimentarios fomentando un tipo de alimentación sana. Si bien estos cambios son técnicamente posibles, será necesario invertir urgentemente y llevar a cabo una acción colectiva muy importante a escala internacional, nacional y local. Los problemas humanitarios, medioambientales y de seguridad mundial necesitan un compromiso global para mejorar el destino de una gran parte de la población humana, que actualmente es víctima de la inseguridad alimentaria o está amenazada por ella. Para ellos es necesario reforzar la resiliencia a los eventos climáticos extremos y a la volatilidad de los precios, acabar con la degradación de la tierra y reforzar la infraestructura de los activos productivos. Los esfuerzos de reducción de emisiones de gas de efecto invernadero no deben afectar de forma negativa a la seguridad alimentaria ni a la forma de vida de las personas. Las técnicas de restauración de zonas degradadas y el almacenamiento de carbono en el suelo para mejorar la producción futura deben aumentar o estabilizar la producción alimentaria.

Sin un compromiso mundial de reducción de emisiones de gas de efecto invernadero en todos los sectores económicos, incluyendo la agricultura, ninguna adaptación agrícola independientemente de su magnitud será suficiente en el clima desestabilizado del futuro. Si los costes de este necesario cambio son muy elevados, los que conlleva la pasividad es ya enorme y no cesa de aumentar.

Partiendo de sólidas pruebas científicas, la Comisión sobre Agricultura Sostenible y el Cambio Climático ha identificado puntos críticos y propone las siguientes medidas prioritarias: – Coordinar la seguridad alimentaria y la agricultura sostenible en las políticas mundiales y nacionales. – Aumentar sensiblemente el nivel de inversiones mundiales en la agricultura sostenible y los sistemas alimentarios en la próxima década. – Intensificar de forma sostenible la producción agrícola reduciendo las emisiones de gas de efecto invernadero y otros efectos nocivos de la agricultura sobre el medioambiente. – Desarrollar programas y políticas específicos para asistir a las poblaciones y a los sectores más vulnerables al cambio climático y a la inseguridad alimentaria. – Revisar los modelos de acceso a los alimentos y de consumo para garantizar que las necesidades nutricionales elementales sean cubiertas y fomentar unos hábitos alimentarios sanos y sostenibles en todo el mundo. – Reducir las pérdidas y el derroche en los sistemas alimentarios determinando la infraestructura, los métodos agrícolas, el tratamiento, la distribución y los hábitos de los hogares. – Crear sistemas completos de información compartidos e integrados que tengan en cuenta las dimensiones humanas y ecológicas.

Más información

Fuente

Informe del Parlamento Europeo sobre cómo evitar el desperdicio de alimentos: estrategias para mejorar la eficiencia de la cadena alimentaria en la UE

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