Abocados al efecto cóctel

Abocados al efecto cóctel

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Food Inc.Fotografía de Food Inc.

Pesticidas en la fruta, en la verdura y en los jardines municipales. Conservantes en casi todos los productos que encontramos en el mercado: potenciadores del sabor, emulsionantes, acidulantes y un largo etcétera de sustancias químicas que, al juntarse en el organismo, conforman un cóctel de difícil diagnóstico.

Partículas finas de los motores diesel en el aire que respiramos. A diario estamos expuestos a una serie de moléculas de tan variada composición que hace difícil saber cómo va a reaccionar nuestro organismo frente al cóctel que se forma en nuestra sangre.

Los efectos, al carecer los expertos de ningún tipo de precedente, son peligrosas incógnitas con las que convivimos a diario. Estos efectos dañinos para la salud afectan en mayor medida a los más jóvenes, a los niños y a las madres embarazadas.

No obstante, muchos de los males pasajeros que padecemos en alguna ocasión y cuya procedencia nadie nos confirma, podrían ser causados por la enorme cantidad de química que entra en nuestro organismo a través de la alimentación.

Contrarrestar esta constante amenaza es cuestión de “abrir” el mercado de alimentos a la producción local, privilegiando sus productos ante otros de importación, fomentar la agricultura ecológica en el ámbito local ayudando a los pequeños agricultores en las tareas de comercialización, promover el uso del transporte público y, en general, ofrecer una información clara y contundente sobre la importancia de alimentarnos bien y adecuadamente día a día.

La alimentación nos propone un cóctel químico diario
Fotografía de Food Inc.

La exposición permanente, cotidiana, a ciertos contaminantes es una cuestión que requiere una solución urgente. La industria agroquímica detenta un enorme poder sobre la producción de alimentos y es lógico, desde el punto de vista del negocio, ocultar o retrasar resultados y pruebas que pongan claramente contra la espada y la pared su lucrativa actividad.

Numerosos trabajos de investigación han dejado claros los peligros de una exposición crónica a estos agentes químicos contaminantes. Basta con la exposición cotidiana que supone el consumo de productos adquiridos en los mercados. La mezcla de este tipo de contaminantes presente en la alimentación humana agrava significativamente las alteraciones metabólicas provocadas por una dieta demasiado proteica.

Los últimos estudios realizados se basaron en la creación de escenarios idénticos a los que nos encontramos día a día cuando vamos al mercado. Su enfoque tuvo más en cuenta el carácter permanente de la exposición a los agentes contaminantes que las dosis.

En la mayoría de productos alimenticios industriales se encuentran agentes perturbadores endocrinos, moléculas cuyo peligro para la salud está sobradamente comprobado. Los nuevos análisis logran comprobar la reacción de estas moléculas cuando se juntan, es decir, ya no se estudian por separado como se ha venido haciendo hasta ahora, sino que se trata de averiguar el comportamiento dentro del coctel, llevando a cabo un símil de lo que ocurre en nuestro organismo.

Los regímenes o la dieta analizada están catalogados como “ricas en calorías”, es decir, se analiza una dieta que, por desgracia, es muy común en nuestra sociedad y que ya está creando muchos problemas de obesidad y salud en general.

Si la obesidad ya es causante directa de muchas alteraciones, el efecto cóctel agrava los problemas. Por ejemplo, las mujeres obesas presentan comúnmente signos de intolerancia a la glucosa en la sangre, incluso sin la mezcla tóxica en su organismo, pero cuando ésta aparece, los trastornos metabólicos se agravan. La intolerancia a la glucosa es uno de los efectos del “síndrome metabólico”, que aumenta los riesgos de padecer diabetes tipo 2 y accidentes vasculares, entre otras dolencias.

La responsabilidad de cada agente químico en estos trastornos es muy difícil de evaluar, así como los efectos potenciadores o reductores de cada agente en el coctel. El avance más significativo es la demostración de que estas alteraciones metabólicas tienen lugar con dosis normales y siguiendo unos hábitos alimenticios basados en los productos que se encuentran en el mercado.

Los cuatro agentes químicos más habituales en la cadena alimenticia y sobre los que se realizó el estudio cuando actúan mezclados, son el tetraclorodibenzo-p-dioxina, el Bisphenol A, un piraleno como el PCB 153 y un ftalato , el DEHP. Las moléculas de estos agentes se pueden ingerir cuando se consumen productos envasados en plásticos, alimentos elaborados de forma industrial y, en general, al consumir alimentos que contienen diversos agentes tanto conservantes como compuestos químicos.

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