A la comunidad por el huerto urbano

A la comunidad por el huerto urbano

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Los jardines comunitarios pueden suponer el acceso a la tierra por parte de gente que no tiene ningún sitio donde practicar la jardinería o la horticultura pero, lo que quizás sea más importante, también pueden desempeñar un papel fundamental en el fortalecimiento de las comunidades locales, e incluso pueden ayudar a crear una verdadera comunidad donde antes no existía. El acto de unirse para hacer algo tan creativo como cultivar puede ser un ingrediente mágico en la creación de una comunidad.

Extracto del libro sobre permacultura «The Earth Care Manual», de Patrick Whitefield.
En los jardines comunitarios se puede cultivar cualquier tipo de vegetal, desde flores a hortalizas, creando un sinfín de huertos y jardines silvestres. Lo que estos huertos y jardines silvestres tienen en común es que son gestionados de forma comunitaria por grupos de residentes locales. En algunos casos, la totalidad del jardín se trabaja de forma comunitaria y en otros casos los individuos cuentan con sus propias pequeñas parcelas dentro de él. Incluso, en algunas ocasiones, el jardín consiste en una mezcla de zonas particulares y comunitarias.

Para que un jardín comunitario tenga éxito, normalmente tienen que darse dos factores fundamentales: una persona clave o grupo básico que esté preparado para invertir gran cantidad de tiempo y esfuerzo en las primeras fases; y la existencia de una necesidad real. Los lugares donde más necesarios son los jardines comunitarios son las zonas de gran densidad de población en las que la gente desea cultivar pero cuenta con muy poco o nada de espacio propio. En otros casos, el motivo para crear un jardín comunitario es sencillamente limpiar un solar abandonado en el vecindario, o protegerlo de otros tipos de desarrollo. Muchas veces, los residentes locales están deseando que alguien haga algo con los terrenos, pero no están muy dispuestos a hacerlo ellos mismos, sobre todo cuando se apaga el entusiasmo inicial. Este tipo de jardín a menudo tiene éxito en zonas de alta densidad de población, donde existen pocas zonas verdes, por lo que sus habitantes están enormemente motivados para conservar lo que existe.

Cabe destacar que hay pocos lugares en la Tierra que cuenten con más jardines comunitarios que la ciudad de Nueva York. Para crear un jardín comunitario es de vital importancia la actitud de las autoridades locales, que suelen ser los propietarios del terreno. Algunos ayuntamientos fomentan de forma activa la creación de los jardines comunitarios y cuentan con un funcionario entre cuyas tareas se encuentra la de colaborar en su creación. Incluso los ayuntamientos que son menos proactivos pueden verse atraídos por el hecho de que los jardines comunitarios resultan ser una opción barata para los terrenos en desuso.

En EEUU se ha descubierto que el coste medio de la creación de un jardín comunitario es solamente la décima parte del de la creación de un nuevo parque del mismo tamaño. Los jardines escolares son un tipo especial de jardines comunitarios, y suelen ser los más efectivos. Una escuela es un lugar apropiado para que una persona comprometida, normalmente uno de los profesores, le preste la atención continuada que requiere un proyecto de estas características. Además, la mayoría de las escuelas cuentan con el terreno necesario para ello. (…) Además de ofrecer a los niños la posibilidad de conectar con el universo vivo de su entorno, esta puede ser una buena forma de mejorar su dieta: en muchas escuelas existe un programa denominado “cultívalo, cocínalo, cómetelo” y en algunas escuelas los niños toman el pan que ellos mismos hornean con el trigo cultivado en el terreno de la escuela. Reconectar a la próxima generación con la tierra de esta manera es una de las cosas más importantes que puede hacer un permacultor.

Patrick Whitefield es un prestigioso profesor de permacultura en Gran Bretaña y autor de diversos libros.

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