A la biodiversidad por el cultivo local

A la biodiversidad por el cultivo local

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Volver a cultivar la tierra de forma tradicional es una imperiosa necesidad para garantizar la soberanía alimentaria y luchar contra el hambre en el mundo. La agricultura vista como negocio ha demostrado su fracaso y lo sigue demostrando, el milagro que prometía no sólo no se ha concebido, sino que este tipo de agricultura irracional ha logrado aumentar el hambre en el mundo además de devastar las tierras de cultivo y contaminar el agua. Un aspecto fundamental de este deterioro provocado por la agricultura industrial es la pérdida de biodiversidad, un ataque directo a la seguridad alimentaria de las personas.

Actualmente existen muchas personas que sufren problemas derivados de una mala alimentación que, a su vez, se debe en gran parte a la biodiversidad agrícola. Muchas variedades agrícolas tradicionales han ido desapareciendo con el tiempo. Esta triste realidad se debe en parte a su poca o difícil adaptabilidad a unas absurdas normas estéticas de un mercado desnaturalizado y, por otra parte, a la implantación masiva de un tipo de agricultura industrial que fomenta el monocultivo.

Las especies tradicionales que han ido desapareciendo contienen mayor cantidad de nutrientes y han sido durante años el sustento básico para las personas de los países que sufren el problema de la malnutrición. La aparición fulminante de la agricultura industrial en estos países trajo consigo la marginalización de la agricultura de subsistencia y con ello la de las semillas tradicionales. Además, al destinar la casi totalidad de la producción a la exportación, estos países se ven obligados a importar alimentos que, además de ser nutricionalmente mucho más pobres que los autóctonos, obligan a cambiar los hábitos alimentarios de la población. Un claro ejemplo de la pérdida de biodiversidad que conlleva el método agrícola intensivo es el del arroz en Tailandia, donde de los 16.000 diferentes tipos de grano que se cultivaban ya sólo quedan 37. Además, la mitad de la superficie cultivada se dedica a sólo dos variedades. Por otro lado, la importación de productos alimentarios industriales refinados están provocando enfermedades y carencias que no se habían dado anteriormente en dichos países. Cáncer, diabetes y problemas oculares, entre otras enfermedades, están afectando a la población de países que han perdido su agricultura tradicional. Estos males afectan en mayor medida a niños y mujeres encintas.

El consumo de alimentos importados de occidente, básicamente productos refinados (arroz blanco, trigo, harina etc.), además de contener menor cantidad de nutrientes, resultan extraños para una población acostumbrada a otro tipo de alimentos. El retorno a la agricultura local y tradicional es la única vía para recuperar estas variedades perdidas y para asegurar a los habitantes de estos países, cuya agricultura ha sido arrasada por la cultura del beneficio y la química, una alimentación sana y equilibrada como la que disfrutaban antes. Por otro lado, las enfermedades que sufren estos niños provocadas por el consumo de productos de origen occidental, demuestran los problemas que causa sobre la salud una alimentación basada en productos prefabricados y refinados, productos que forman parte de la dieta habitual de muchas familias en los países desarrollados. <div=»cuadro»>Si bien los humanos consumen aproximadamente 7.000 especies de plantas, sólo 150 son importantes comercialmente y 103 representan el 90% de los hábitos alimentarios mundiales. Sólo tres cultivos, arroz, trigo y maíz, producen aproximadamente el 60% de las calorías y el 56% de las proteínas consumidas provenientes de plantas.

Según la FAO, “La humanidad se enfrenta a un gran desafío: hacer que la agricultura y la biodiversidad se complementen. Para ello hay que ir a la raíz del problema que causa la pérdida de biodiversidad agrícola y, por consiguiente, es necesario cambiar las prácticas, los paradigmas y las estrategias. Del mismo modo es necesario un compromiso por parte de los gobiernos y de las instituciones. Los conflictos entre agricultura y biodiversidad se pueden evitar mediante la adopción de unas prácticas agrícolas sostenibles y a través de una evolución de las políticas concernientes. La conservación de la biodiversidad debe integrarse en los métodos agrícolas, una estrategia que puede suponer enormes y variadas ventajas tanto ecológicas como económicas y sociales, especialmente en lo concerniente a la seguridad alimentaria. Es indispensable adoptar a todos los niveles unas prácticas dirigidas a conservar la biodiversidad agrícola. El modelo predominante de crecimiento agrícola ha erosionado la biodiversidad en los ecosistemas agrícolas incluyendo los recursos fitogenéticos y la ganadería, los insectos y los organismos que se encuentran en el suelo agrícola. Esa erosión ha causado pérdidas económicas y ha puesto en riesgo la seguridad alimentaria aumentando los costes sociales. La pérdida de biodiversidad en los hábitats naturales causada por la expansión de la producción agrícola es igualmente alarmante.

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