Trabajar menos, solucionar problemas

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Trabajar menos es la solución al paro y la desigualdad

Trabajar menos, trabajar todos y aumentar el salario mínimo para garantizar la protección contra los efectos de la crisis.

Estas son algunas de las propuestas para vencer el desempleo, principal problema para los ciudadanos europeos.

Trabajar menos para trabajar todos y vivir mejor

En Francia, durante el periodo en el que el país adoptó una jornada laboral de 35 horas, se crearon más de la mitad de los empleos de los últimos 37 años. Este dato demuestra que basar la creación de empleo en la potencial rentabilidad económica de la actividad es un error que nos llevará a vivir décadas de precariedad y paro.

Michel Husson, miembro del consejo científico de la Asociación por un Tasa sobre las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC) reflexiona en un artículo sobre las soluciones para resolver el grave problema del desempleo.

El paro es el principal problema para la mayoría de ciudadanos europeos. La tasa de desempleo aumenta mes a mes mientras las previsiones siguen siendo negativas.

Todo ello genera una preocupación social alarmante. Esta situación propicia la puesta en marcha de políticas restrictivas que afectan a los servicios básicos pero también despiertan el interés de muchas empresas que aprovechan para aumentar sus márgenes. Incluso en el caso de que se alcanzara una ligera mejoría, ésta se llevaría a cabo sin creación de empleo.

La principal causa del paro se encuentra en el reparto de riqueza: desde hace 30 años, el aumento del desempleo está estrechamente relacionado con unos beneficios no reinvertidos que han alimentado las burbujas financieras.

Habitualmente se proponen unas soluciones para incentivar el empleo que lo único que consiguen es reciclar políticas de probada ineficacia: disminución de los costes laborales, IVA social, reactivar el crecimiento etc.

 Trabajar para aportar algo a la sociedad, no por dinero exclusivamente

Para no vernos atrapados en otra década de paro es necesario un cambio radical de perspectivas en torno a algunas ideas fundamentales:

  • Disminuir la jornada laboral a largo plazo es la única forma de crear empleo.

Entre los años 1974 y 1997, en el sector privado francés se crearon 500.000 puestos de trabajo; de 1997 a 2002 se crearon 1,9 millones de puestos de trabajo, y desde entonces se han creado 200.000.

El 75% de los empleos creados desde hace 37 años en el país vecino coincidieron con la época en la que se adoptó una jornada laboral de 35 horas semanales. Esto demuestra la necesidad de cambiar el uso de los beneficios de la productividad que, en lugar de transferirse a los accionistas, se deberían destinar, según la norma de los 3 tercios (un tercio para los accionistas, un tercio para los empleados y un tercio para la inversión de la empresa), a la creación de empleos mediante la reducción de la jornada laboral, al aumento de los salarios bajos y al aumento de los recursos de protección social.

En lugar de dirigirnos hacia una sociedad dividida entre trabajadores estresados, trabajadores en precario y parados, es necesario ir hacia una sociedad del tiempo libre donde todos trabajen, aunque sea menos tiempo.

  • Hay que revertir la relación entre actividad económica y empleo.

Actualmente la idea de crear empleo está sometida al criterio único de la rentabilidad. Hace falta iniciar una revolución “copérnica”: la sociedad debe elegir sus prioridades y crear empleos en el lugar donde se necesitan y, de ese modo, utilizar plenamente sus capacidades.

El objetivo es emplear a todo el mundo de la forma más eficaz posible midiendo esta eficacia en función de la utilidad social y no por la rentabilidad que se logre. Para ello es imprescindible la intervención pública ya que se deben adecuar los recursos de mano de obra a las necesidades: salud, dependencia, servicios a las personas, inversiones ecológicas, etc.

  • Sin cuestionarse el reparto de beneficios es imposible mejorar el empleo.

El aumento del paro es la otra cara de un reparto de beneficios cada vez más desigual. Si los dividendos repartidos por las empresas representaran la misma proporción de su masa salarial de hace 30 años, serían inferiores a 60.000 millones, lo que equivale a 2 millones de empleos (pagados con salarios medios incluyendo cotizaciones).

Del mismo modo, la moderación de las cotizaciones sociales de las empresas, cuyo impacto se estima que es de 400.000 empleos creados o conservados, permitiría, después de reciclarlas, remunerar a casi un millón de trabajadores.

Toda política ambiciosa que pretenda crear empleo debe apoyarse en medidas encaminadas a “desinflar” las rentas financieras y revisar las tasas de los ingresos del capital. Dos medidas inmediatas para desbloquear la situación del empleo:

  • Supresión de las medidas de rebaja de impuestos para las horas extras, que funcionan como un freno a la contratación y adopción de una jornada laboral de 35 horas semanales con las correspondientes contrataciones, que avance hacia la de 32 horas.
  • Creación de empleos social y ecológicamente útiles en el sector público en su más amplio sentido (función pública, colectividades territoriales, asociaciones, etc.) Se trata de iniciar una dinámica de transición hacia otro modelo de desarrollo construyendo, de forma inmediata, un escudo social contra los efectos de la crisis.

Para ello es necesario aumentar los salarios mínimos y poner en marcha un estatuto del empleado que garantice su salario y sus derechos. Michel Husson es miembro del consejo científico de ATTAC.

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