Tóxicos nocivos a cualquier dosis

Tóxicos nocivos a cualquier dosis

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Es un asunto demasiado importante como para que sea obviado en los medios de comunicación. La toxicidad de ciertas sustancias químicas presentes en innumerables productos que usamos de forma cotidiana es un asunto que preocupa a un número cada vez mayor de biólogos en todo el mundo. Además, los métodos clásicos de evaluación de riesgos ofrecen muchas dudas, especialmente en lo referente a los niveles mínimos considerados como seguros para el ser humano. Existen fundadas sospechas de que estas sustancias afectan de forma mucho más grave de lo que se cree y, además, se sospecha que este impacto sobre la salud se produce durante exposiciones a cantidades bastante inferiores a las que actualmente se consideran como seguras. Recientemente, la revista estadounidense “Endocrine Reviews” publicaba los resultados del que quizás sea el mayor análisis realizado hasta ahora sobre la toxicidad de los productos de uso cotidiano. Las conclusiones del estudio, llevado a cabo por 12 investigadores provenientes del mundo académico, ponen en evidencia un conjunto de elementos científicos y justifican la necesidad de llevar a cabo un profundo cambio de metodología en lo referente a la evaluación de la toxicidad de numerosas moléculas que se encuentran actualmente en el mercado.

Este profundo y riguroso análisis evaluó 800 estudios llevados a cabo con el hombre, con animales y con cultivos de células. Los investigadores concluyen que las moléculas que imitan o bloquean las hormonas provocan efectos negativos a dosis muy pequeñas que, generalmente, son consideradas como seguras para el ser humano. Estos efectos son prácticamente imposibles de evidenciar con la ayuda de los datos que aporta la toxicología clásica y sobre los que se apoyan las agencias de evaluación de riesgos. Los estudio de toxicología clásicos parten del principio de que la dosis hace a una sustancia venenosa, es decir, si se aumenta la dosis del producto que se quiere evaluar, el efecto es más grave. Sin embargo, los investigadores del instituto francés INRA han comprobado que, incluso en pequeñas dosis en las que prácticamente ha desaparecido la toxicidad del producto, se detectan efectos importantes y, a veces, de diferente naturaleza. La toxicología clásica se apoya básicamente en experimentos con dosis elevadas. En las pruebas de toxicidad realizadas con animales se establece la toxicidad de una molécula a partir de una elevada dosis. Después se deduce por extrapolación una dosis sin efecto tóxico observable, que sirve para calcular la dosis admisible para el ser humano. El problema es que esta dosis no se prueba con personas. Este método queda en evidencia cuando se demuestra que los perturbadores endocrinos pueden tener efectos en dosis muy bajas que desaparecen cuando los niveles de exposición son superiores. Por otra pare, las pruebas de toxicidad clásicas efectuadas con animales de laboratorio sólo buscan un determinado tipo de efectos muy particulares como la muerte del animal, la aparición de tumores etc. Sin embargo, estas pruebas no averiguan si el sistema cerebral se desarrolla con normalidad, ni si un animal macho se comporta como tal.

Pequeñas dosis de una sustancia química pueden afectar la expresión de un receptor hormonal en el hipotálamo, órgano endocrino que no se examina en las pruebas de toxicología realizadas con altas dosis. Por otro lado, elevadas dosis de una sustancia química pueden afectar de forma similar y no constar en los informes debido a que normalmente no se llevan a cabo pruebas con altas dosis sobre estos órganos.

La mayoría de agencias de evaluación de riesgos en todo el mundo ignora los efectos de las pequeñas dosis de los perturbadores endocrinos. Una excepción es la ANSES (Agencia de Seguridad Sanitaria Francesa), que muestra un enorme avance con respecto a sus homólogos en dicha materia. Existen efectos nocivos que pueden ser detectados en las pruebas realizadas con animales, pero estos efectos no pueden comprobarse con los seres humanos debido a que no se experimenta con él por razones éticas. Un ejemplo es el bisfenol A, la molécula más estudiada de todas, cuyos efectos se desarrollan en el curso de la vida después de que tuviera lugar una exposición en el útero y durante fases críticas del desarrollo del feto. La diversidad de moléculas y sus efectos hacen que los estudios en la población humana sean delicados. En los animales se ha demostrado que la exposición a pequeñas dosis de bisfenol A provoca una pubertad precoz en las hembras, alteraciones del comportamiento sexual en los machos, una disposición creciente al cáncer de próstata y de la glándula mamaria y un descenso de la fertilidad. En el ser humano, dos estudios recientes han relacionado esta sustancia con la incidencia de diabetes tipo 2 y la obesidad.

Fuente

Endocrine Reviews

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