La agricultura del nuevo mundo

La agricultura del nuevo mundo

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El nuevo mundo necesita otra agricultura

El actual modelo agrícola no tiene sentido. La agricultura intensiva, industrial, ha perdido el crédito en un mundo que necesita urgentemente un cambio de rumbo medioambiental.

El modelo industrial que domina actualmente la mayor parte del mundo agrícola utiliza poca mano de obra a cambio de consumir mucha energía, mucha agua, pesticidas y demás compuestos químicos de síntesis que agravan el estado de la tierra, del agua y del aire que respiramos.

La industria agroquímica es responsable de gigantescas contaminaciones además de ser el principal valedor de la comida basura. Frente a esta inapelable realidad, la agroecología aparece como una alternativa económica realmente necesaria para contribuir y colaborar con el establecimiento del bienestar a través de una cultura del comer bien y sano y alimentarse con productos frescos de temporada.

Un nuevo mundo una agricultura diferente

Otro factor a tener en cuenta de forma especial es el hecho de que la agroecología crea empleo sostenible y de calidad. Cuando hablamos de empleo sostenible nos referimos al que genera una actividad económica cuyo balance final, sumando aspectos positivos y restando los negativos,  sea positivo. Un empleo que sirva para mejorar el mundo yque pueda generar riqueza sin que la propia actividad dañe la tierra, el aire y la calidad de vida de las personas. Un empleo será sostenible si el empleado es tratado sin afán explotador, si el salario está en consonancia con el coste de la vida y si la propia actividad no genera un impacto negativo sobre el medio.

En una Europa herida de muerte por un desempleo sin límites, la agroecología debería ser uno de los temas principales en cualquier debate político internacional. Europa dispone de importantes posibilidades en el sector agrícola debido especialmente a su meteorología, sus suelos, sus productos y al impagable legado que supone el conocimiento ancestral de sus agricultores más mayores.

Estas posibilidades no se han utilizado adecuadamente en parte debido a unas políticas completamente equivocadas dirigidas a favorecer los intereses de la industria petroquímica mediante subvenciones y demás acuerdos que siempre han perjudicado a los pequeños agricultores.

Para abandonar progresivamente este modelo productivista que caracteriza la Política Agraria Común (PAC), es necesario poner en marcha una vía hacia una seguridad alimentaria revisada y basada en el aprovechamiento inteligente de nuestra tierra, hacia la creación de empleo con sentido, la puesta en marcha de circuitos de proximidad entre productores y consumidores y lograr un reparto justo de unos márgenes de beneficio de la agricultura que hoy en día están en manos de la industria agroquímica, las centrales de compras y los grandes centros comerciales de distribución.
Para alimentar a una población creciente es necesario cambiar el modelo agrícola

Hasta 2050, la población del planeta pasará de 7 a 9 millones de habitantes. Dos tercios de todos los habitantes vivirán en ciudades. Es por ello que la agricultura de este nuevo mundo deberá diseñarse en el interior de estas ciudades masificadas en las que se encuentran las bocas que se deben alimentar y en las que se dispone de la mano de obra necesaria para desarrollar el nuevo modelo agrícola pensado para alimentar al mundo y no para beneficiarse del hambre.

Los acuerdos de libre comercio suelen favorecer a los más poderosos

La agricultura es la categoría social más importante en la historia de las grandes civilizaciones humanas. Hoy, 10.000 años después de la aparición de la agricultura, esta imprescindible actividad ha sido expulsada del mundo del trabajo. Durante 9.900 años las cosas evolucionaron lentamente. Hace tan sólo 100 años, los “activos agrícolas” aún representaban la esencia del empleo total, incluso en los países desarrollados. Nuestros abuelos eran todos campesinos o tenían profundas raíces campesinas.
Las grandes guerras del siglo XX aceleraron la hemorragia que golpea al sector. Pero en el curso de las últimas décadas, la muerte del agricultor ha sido violenta. Entre 2000 y 2009, en Europa se perdieron 3,7 millones de empleos en el sector.
Toda esta catástrofe se ha visto envuelta en un silencio ensordecedor. Actualmente, en los grandes países industrializados de la Unión Europea, el empleo en el sector agrícola se ha reducido a niveles que varían entre un 1 y un 4% de la población activa. La energía fósil tomó las riendas ayudada por la química agrícola, la mecanización y el riego excesivo además de los OGM cuyo beneficio es prácticamente asunto de los fabricantes.
Estos hechos afectan de forma múltiple: sobre el empleo, sobre la concentración de riqueza y sobre el medioambiente y la salud de las personas. La transición hacia un modelo agrícola sostenible es básico para garantizar la seguridad alimentaria de las personas mientras se sientan las bases de un cambio urgente hacia una sociedad menos contaminante, más justa y solidaria.
Por ello urge una relocalización de la actividad agrícola en Europa que propicie la vuelta a las raíces de una profesión vital para el planeta.

 

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1 Comment

  1. Como siempre, muy acertado el diagnóstico e interesante el artículo.

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