El consumo de carne y el hambre de destrucción

El consumo de carne y el hambre de destrucción

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Dejar de consumir carne y lácteos bueno para la salud bueno para el planeta

Muchos estudios e informes advierten, desde el rigor de la investigación, lo pernicioso que resulta el consumo de carne tanto para la salud humana como para el medio ambiente.

Sin embargo en todo el mundo el apetito por la carne y sus derivados crece y crece sin parar.

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La producción de carne reduce la biodiversidad del planeta.

La superficie de tierra destinada a la alimentación de animales para el consumo humano aumenta y deberá aumentar de forma exponencial si se sigue con la misma dinámica en la demanda de carne en todo el mundo.

La producción de soja para alimentar pollos, cerdos y otros animales está generando una enorme demanda de recursos naturales que ponen en riesgo la existencia de muchas especies y propician una gran pérdida de biodiversidad.

 

Tanto para tan poco

Además, los productos provenientes de la ganadería industrial carecen de nutrientes, es decir, la carne resultante de estos animales criados de forma industrial, además de generar sufrimiento en dichos animales, produce una carne muy débil en propiedades nutritivas.

Un estudio reveló que seis pollos criados de forma industrial e intensiva contenían menos cantidad de omega-3 que un sólo pollo criado al aire libre en los 70.

Pero además de suponer un problema de salud pública y ambiental, el consumo de carne según un reciente estudio titulado “Apetito por la destrucción”, utiliza una enorme cantidad de terreno cultivable para alimentar animales de forma intensiva.

En 2010, la industria ganadera de Gran Bretaña necesitaba un área del tamaño del condado de Yorkshire para producir la soja utilizada para la alimentación del ganado. Se seguir el aumento de la demanda de carne en el mundo, esta superficie podría aumentar un 80% para 2050.

Alimentar a animales criados industrialmente es un problema medio ambiental grave

Cultivo de soja para animales en aumento.

La soja rica en proteína se produce cada vez en mayor cantidad, de hecho, cada europeo consume aproximadamente 61 kilos por año, mayoritariamente de forma indirecta cuando consumimos salmón, cerdo, queso, leche, huevos, etc.

La ganadería industrial arrasa el medio ambiente para producir una carne de muy baja calidad nutricional. El mundo entero está consumiendo mucha más proteína de la necesaria.

Este apetito desmesurado está degradando la biodiversidad de forma acelerada.

Productos cárnicos esconden pérdida de biodiversidad

El 60% de la biodiversidad global perdida está escondida en los alimentos que consumimos.

Es conocido que una dieta basada en el consumo de carne y derivados afecta al agua y a la tierra de cultivo y que causa emisiones de gas de efecto invernadero. Pero el principal problema es quizás la enorme cantidad de tierra de cultivo que se usa exclusivamente para cultivar el alimento de los animales.

Con mucha menos superficie se podrían cultivar otros alimentos que resultarían más sostenibles y abastecerían a un número de personas mucho mayor.

El mayor consumidor de alimentos cultivados son las aves, el segundo es la industria porcina.

En Inglaterra, las guías nutricionales aconsejan un consumo de proteínas de entre 45 y 55 gramos por día. El consumo real actual asciende de 64 a 88 gramos diarios. Esta proteína consumida proviene de animales en un 37%.

Reducir e incluso evitar el consumo de carne y lácteos es un gesto muy valioso para luchar de forma individual contra el cambio climático y sus efectos.

Las autoridades tienen una enorme responsabilidad a la hora de fomentar e informar de lo que supone una dieta basada en carnes y lácteos para la salud, el medio ambiente y a más largo plazo también para la economía.

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