El estudio demuestra que :
- Las ciudades sin automóviles, cuyo concepto urbanístico es acorde con el modelo del Libro Verde y que están dotadas de un sistema de transportes pensado expresamente para ellas, no sólo son más viables desde todos los puntos de vista (tanto social como ecológico), sino que son más accesibles y se recorren de forma más sencilla y en menos tiempo.
- El predominio del automóvil no se basa sobre ninguna ley fundamental del mercado, sino sobre su violación y sobre la ignorancia acerca de su impacto ecológico. Este dominio del automóvil en las ciudades se ve favorecido por el vacío institucional al que se enfrentan los responsables políticos cuando pretenden llevar a cabo una nueva tarea: adaptar el transporte a la ciudad.
- La hipotética creación de una ciudad sin automóviles se muestra perfectamente realizable desde todos los aspectos, comenzando por el económico.
No sólo crearíamos la ciudad sin automóviles porque es bueno para la salud de las personas, para el medioambiente y la economía, sino que reconvertiríamos la industria del automóvil. Quién sabe, ¿quizás para construir tranvías?
¿Qué ocurrió para que un proyecto como éste, realizado de forma seria por un equipo de especialistas en movilidad sostenible y defendido por el comisario europeo del medioambiente, acabara en los archivos de la Comunidad Económica Europea? Una vez se ha constatado el perjuicio medioambiental y para la salud de las personas, además de comprobarse que no supone ninguna ventaja económica global, ¿por qué mantener a cualquier precio una sociedad dominada por el automóvil?
La Comisión Europea no pedía a los fabricantes de automóviles que dejaran de producir, ya que el automóvil seguiría siendo muy útil para las largas distancias, pero su fabricación estaría asociada a la producción de medios de transporte público eficaces y atractivos para el ciudadano. Una vez se consiguiera apartar al automóvil de las ciudades, se deberían aplicar políticas a largo plazo en las que se instaurara el principio de que quien contamina paga. Veinte años después,
el automovilista sigue sin pagar por los daños que origina a pesar de la existencia de numerosas tasas impositivas. Si se realizara un cálculo económico sobre los costes que originan las externalidades negativas del automóvil (los costes derivados de los accidentes de tráfico, los problemas de salud pública relacionados con la contaminación del aire, el ruido, los daños causados por el cambio climático, la degradación de monumentos y fachadas de los edificios, los costes sociales relacionados con el sedentarismo y la disminución de la biodiversidad, etc.), los gastos serían imposibles de asumir para la mayoría de conductores.
Por lo tanto, se puede afirmar que
hubo un momento histórico entre 1991 y 1992 en el que el automóvil estuvo a punto de desaparecer de las ciudades europeas, al menos en el espíritu de ciertos tecnócratas de alto nivel de las instancias europeas. Si bien no se puede hablar de rotundo éxito, en muchas ciudades se consiguieron muchas mejoras desde entonces: peatonalización de muchos centros urbanos, desarrollo de medios de transporte público, etc. Por otro lado, el estudio propició la creación del “Club de Ciudadades sin Coches” en 1994, convertido en la “Red de Ciudades sin Coches”, que actualmente ya no existe. Una de las propuestas de dicha red fueron las “Jornadas sin Coches” que se empezaron a organizar entre 1996 y 1997 y que se abandonaron en Europa en 2007.